El proyecto fue impulsado por la empresa Dumb.co junto a una comunidad en Washington. Durante 30 días, los participantes dejaron de usar herramientas como redes sociales, mapas digitales o plataformas de streaming, enfrentando una rutina más analógica.
Las tareas cotidianas se volvieron más desafiantes: desde ubicarse en la ciudad hasta organizar sus horarios. Sin embargo, varios participantes aseguran que la experiencia les permitió reconectarse con su entorno y fortalecer la interacción social.
Expertos advierten que el uso excesivo de dispositivos puede afectar la salud mental, generando ansiedad, problemas de sueño y dificultades de concentración. En ese contexto, iniciativas como esta buscan fomentar un equilibrio entre lo digital y la vida cotidiana.
El programa incluye actividades grupales y tiene un costo cercano a los 100 dólares, con el préstamo de teléfonos básicos. Para muchos, más que un reto, se trata de replantear su relación con la tecnología en un mundo cada vez más conectado.











