El emperador de Washington respondió con su arrogante metralla verbal, diciendo entre otras cosas, que el papa es débil con el crimen y terrible en política exterior. Que es una persona muy liberal y que prefiere a Louis, el hermano del papa que vive en Chicago porque es un auténtico seguidor de MAGA, su grupo político republicano. Pero quizás porque en su infinita arrogancia se le acabaron los verbos despreciativos, Trump se revistió de la misma cabronada de cualquier emperador del Sacro Imperio Romano y dijo que el papa le debe su elección a él. Tanto que dizque debería estar agradecido porque, como todos saben, fue una sorpresa mayúscula. Según el arrogante, no estaba en ninguna lista para ser papa y la Iglesia lo puso allí porque era estadounidense y pensaron que sería la mejor manera de lidiar con el presidente Trump.
El cardenal gringo, ahora papa, le respondió desde el avión que llevaba a África, que no le tiene miedo a la administración Trump porque el evangelio es claro y que la Iglesia tiene la obligación moral de ir contra la guerra. En otras palabras, el antiguo obispo de Chiclayo en el Perú, le resultó gallito al arrogante y hasta ahora muy equivocado presidente norteamericano. El papa no tiene ejércitos y salvo que Trump monte una Iglesia Gringa Separada, con los católicos de MAGA, se acerca a equivocarse otra vez, y ahora estruendosamente, como lo hacen siempre los arrogantes.
Gustavo Alvarez Gardeazábal










