El menor nació prematuramente, a las 26 semanas y tres días de gestación, y sufrió graves daños neurológicos, parálisis cerebral, discapacidad visual y epilepsia de difícil control. Las crisis se presentaban varias veces al día y continuaron pese a diferentes tratamientos. También tenía problemas para tragar y respirar, además de una dependencia completa para sus actividades cotidianas.
La decisión fue solicitada por sus padres después de que el equipo médico concluyera que no existían posibilidades de recuperación. Sin embargo, el caso generó una diferencia entre los especialistas consultados: una primera evaluación consideró que el sufrimiento no era continuo y que existían alternativas paliativas, mientras que una segunda determinó que el sufrimiento era evidente y no podía aliviarse razonablemente.
El comité que revisó el expediente finalmente consideró que el médico actuó con el debido cuidado. También señaló que todavía no existen requisitos específicos de atención para este tipo de procedimientos en menores de 12 años.
El debate vuelve a cobrar fuerza porque Países Bajos permite desde 2024 la eutanasia en niños de entre 1 y 12 años bajo condiciones estrictas: enfermedad incurable, sufrimiento insoportable sin expectativa de mejoría y ausencia de alternativas razonables.
La revelación del caso ha generado cuestionamientos de sectores políticos y religiosos, mientras que parte de la comunidad pediátrica defiende la regulación para situaciones excepcionales. Ahora, la decisión de la Fiscalía será determinante para establecer si el primer caso conocido bajo este régimen cumplió con la legislación neerlandesa.





