La reunión, realizada el pasado 19 de febrero a puerta cerrada y sin presencia de la prensa, se llevó a cabo después de un discurso en el que el pontífice invitó a los religiosos a “reavivar el fuego” de su ministerio. En ese espacio, el papa respondió a cuatro preguntas formuladas por sacerdotes sobre los desafíos actuales de la vida pastoral.
Uno de los temas abordados fue la forma de acercarse a los jóvenes y transmitir el Evangelio en el mundo actual. Ante esa inquietud, el pontífice destacó la importancia del testimonio personal y del trabajo en comunidad para ampliar los horizontes pastorales y llegar a más personas.
En otra de sus respuestas, el papa insistió en que los sacerdotes deben conocer profundamente las comunidades donde viven y trabajan, como base para comprender sus necesidades y afrontar juntos los retos que enfrentan.
Sin embargo, uno de los mensajes que más llamó la atención fue su advertencia sobre el uso de la inteligencia artificial. Según relataron algunos de los asistentes, el pontífice los invitó a “usar más el cerebro y no la inteligencia artificial para preparar las homilías”, una práctica que, aseguró, ha comenzado a notar con mayor frecuencia.
El encuentro también incluyó reflexiones sobre la relación entre sacerdotes y la importancia de reconocer el trabajo pastoral de los demás, un aspecto que, según uno de los participantes, muchas veces pasa desapercibido dentro de la vida clerical.











