Para crear la pieza, Yoro trabajó sobre una tabla de remo, desplazándose sobre el agua mientras pintaba. El proyecto aprovechó las mareas extremas de la Bahía de Fundy, famosa por registrar algunas de las variaciones más altas del planeta entre marea baja y alta.
La obra fue concebida como arte efímero e interactivo. Cuando el mar se retira, el mural se revela completamente; cuando la marea sube, gran parte queda cubierta por el agua, cambiando la imagen y generando una experiencia distinta para cada espectador.
El mural representa a una mujer fusionada con corales y un árbol en crecimiento, símbolos relacionados con la vida marina, el renacer y la conexión entre humanidad y naturaleza. Con el movimiento del agua, la figura parece emerger desde las profundidades del puerto.
Más allá del resultado visual, el trabajo exigió cálculos precisos de tiempo, clima y nivel del mar. El artista debía pintar en ventanas muy cortas para evitar que el agua dañara la obra antes del secado.
Sean Yoro se ha hecho famoso por crear murales en glaciares, muros costeros y superficies naturales alrededor del mundo, usando el entorno como parte esencial de cada creación. Esta intervención en Canadá es una de las más comentadas por la manera en que el océano transforma constantemente la obra.










