La medida mantendría los sellos negros frontales implementados desde 2023 con la Ley de comida chatarra, pero incluiría una nueva advertencia específica para identificar alimentos ultraprocesados, además de permitir microsellos en empaques de menor tamaño.
Según la cartera de salud, el objetivo es corregir vacíos detectados en la normativa actual, como inconsistencias en la información nutricional, problemas en la clasificación de productos y falta de claridad en alimentos reconstituidos.
El ajuste responde también a preocupaciones por el aumento de enfermedades asociadas al consumo de estos productos, entre ellas diabetes tipo II, enfermedades cardiovasculares, cáncer colorrectal y afecciones renales.
Con estos cambios, el Gobierno busca que los consumidores puedan identificar de forma más clara y rápida los riesgos de ciertos alimentos, sin necesidad de conocimientos especializados en nutrición.
Además, estudios recientes han advertido que los ultraprocesados podrían generar comportamientos similares a la adicción, lo que refuerza la necesidad de medidas más estrictas para promover hábitos de consumo más saludables en la población.









