Levantaron el Santuario del Divino Ecce Homo”.
En 1986 la editorial Plaza y Janes publica “El divino”, una novela de Gustavo Álvarez Gardeazábal ubicada geográficamente en la población de Ricaurte, Valle del Cauca, donde existe desde 1963 un templo donde se venera la imagen del Divino Ecce Homo y que en sus orígenes fue una pequeña ermita acorde con la población donde fue construida que hoy no pasa de los dos mil habitantes. Pero a partir de la publicación de la novela y de su versión televisiva que Caracol sacó al aire en 1987 con un reparto de lujo, donde recordamos a José Luis Paniagua, ya fallecido, Myriam de Lourdes, Delfina Guido, también difunta, Carlos Barbosa, Carolina Trujillo y Diego León Hoyos, entre otros, el corregimiento del municipio de Bolívar se convirtió en un lugar de visita obligada primero por los vallecaucanos y luego por el resto del país.
Paradójicamente no fue la imagen del Divino Ecce Homo lo que llamaba la clientela turística que arribaba a Ricaurte, sino el afán de reconocer entre sus habitantes los personajes de la novela y en especial a la tropa de idiotas que mendigaban por los alrededores del parque principal. Aún así los curas de la localidad que dependían de la parroquia de Bolívar, con el visto bueno de la Arquidiócesis de Buga, vieron la oportunidad para transformar la humilde ermita en un santuario que le hiciera competencia al Señor de los Milagros de la Ciudad Señora, y al Museo Rayo, edificación pagana situada en la vecina Roldanillo. Y fue así que levantaron el Santuario del Divino Ecce Homo, que hoy se yergue orgulloso en la cabecera de la plaza.
Pero tan notable imagen no ha podido contrarrestar el Síndrome X-Frágil que afecta a buena parte del vecindario masculino del poblado y donde se concentra la mayor población que a nivel mundial se encuentra afectada por dicho mal. De este fenómeno ya se había dado cuenta en la novela, donde se especula que puede tener origen en las fuentes hídricas del corregimiento, pero los investigadores han encontrado una causa genética en la profusión de la misma.
No tiene este comentario intención de polemizar sobre el principio de dicha calamidad, lo que si quiere es poner de presente cómo algunos de los afectados por esta lamentable discapacidad intelectual, le han negado a Gardeazábal la autorización para celebrar en las festividades con que anualmente se celebra a la imagen, los treinta años de su novela. Muestra palpable que las taras vallecaucanas están más sanas y poderosas que nunca.












