por: El Tabloide · 12 enero, 2017
Cuatro libros que me parecen valen la pena ser leídos”.
La “hybris” para los griegos era una especie de castigo que los dioses infligían a los poderosos o a los exitosos para recordarles su condición de humanos, de seres supeditados a los dictados divinos. Y este 2016 que llega a su fin, por fortuna dirán muchos, ha sido un tiempo que tal vez señale el definitivo colapso de lo que conocemos como Civilización Occidental. Lo sucedido en Siria, en Gran Bretaña, en Estados Unidos, son indicios graves de un futuro inmediato muy incierto y muy poco esperanzador en cuanto a la preeminencia de valores que considerábamos inamovibles para la convivencia individual y de las sociedades que hacen parte de lo que se ha conocido como Occidente. La bestia que los nacionalsocialistas alemanes vaticinaban duraría un milenio ha despertado y amenaza borrar el mundo con su odio ciego.
Tal vez por eso este mismo complejo y doloroso año haya sido un tiempo tan fructífero para la literatura y en especial para la literatura colombiana. Quiero destacar, arbitrariamente como es toda selección, cuatro libros que me parecen valen la pena ser leídos por sus diversas pero pertinentes propuestas para afianzar el valor de lo ficcional en nuestras letras. Son ellos, “El proletariado de los dioses” de Paul Brito, “El último don Juan” de Andrés Mauricio Muñoz, “Soñamos que vendrían por el mar” de Juan Diego Mejía y “Un mundo huérfano” de Giuseppe Caputo.
Con el “Proletariado de los dioses” el barranquillero Paul Brito se consolida como una de las mejores voces jóvenes en el terreno de la crónica, un género que requiere contarnos unos hechos reales como si los mismos fueran producto de la más desbordada imaginación. Y eso lo logra Brito en las catorce crónicas que componen el libro, de las que quisiera destacar, “Lecciones de la mariposa monarca” y “Los cangrejos del vallenato”. Andrés Mauricio Muñoz nos entrega su primera novela, “El último don Juan”, con una singular maestría en la caracterización de sus personajes y de las situaciones que desde sus experiencias con el ciberespacio marcan cada una de las divertidas historias que conforman su “opera prima”. “Soñamos que vendrían por el mar” de Juan Diego Mejía, nos devuelve a los años de la militancia política y la siempre encrucijada entre el arte y las luchas sociales que en muchos de nuestra generación fue resuelta por la actividad artística, no sin una culpa que Mejía quiere resolver con esta novela. Y, “Un mundo huérfano”, de Caputo, es la delicada y afectiva historia de un amor filial que sobrevive a la pobreza y a los delirantes esfuerzos del hijo por encontrar en el sexo el paliativo de la orfandad que sabe inevitable. Si se deciden por estas lecturas les garantizo por lo menos un mejor 2017. Feliz año.





