El sismo se registró frente a la prefectura de Iwate, con epicentro en el océano Pacífico y una profundidad aproximada de 10 kilómetros, según la Agencia Meteorológica de Japón. El movimiento telúrico también se sintió con fuerza en Tokio, donde edificios se sacudieron pese a la distancia.
Tras el temblor, se emitió una alerta de tsunami para zonas costeras del noreste, incluida la isla de Hokkaido. Una ola de 80 centímetros impactó el puerto de Kuji, mientras las autoridades advirtieron que podían presentarse olas mayores.
Más de 182.000 personas recibieron órdenes de evacuación no obligatorias en varias ciudades costeras como Otsuchi y Kamaishi. Además, se suspendieron servicios ferroviarios, incluido el tren bala en el norte del país.
Horas después, las autoridades levantaron la alerta de tsunami, aunque mantuvieron la advertencia por posibles olas menores y nuevas réplicas.
Sin embargo, la Agencia Meteorológica de Japón emitió un aviso especial por el riesgo de un nuevo terremoto de magnitud 8,0 o superior. “La probabilidad de que se produzca un nuevo terremoto de gran magnitud es relativamente mayor que en tiempos normales”, indicó la entidad.
La primera ministra Sanae Takaichi anunció la creación de un equipo de gestión de crisis y pidió a la población mantenerse alerta y evacuar zonas costeras si es necesario.
Japón se ubica en el Anillo de Fuego del Pacífico, donde se concentra gran parte de la actividad sísmica mundial. El país aún mantiene el recuerdo del Terremoto y tsunami de Japón de 2011, que dejó miles de muertos y provocó la crisis nuclear de Fukushima.
Las autoridades también monitorean la Fosa de Nankai, donde un eventual megaterremoto podría causar hasta 298.000 muertes y graves daños económicos.
Hasta el momento no se reportan víctimas mortales ni daños mayores, pero las autoridades mantienen la vigilancia ante posibles nuevos movimientos sísmicos.











