El proyecto, liderado por el Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario, registra un avance del 88 % y representa una inversión cercana a 307.969 millones de pesos. La obra hace parte de los esfuerzos del Estado para ampliar los cupos carcelarios y mejorar las condiciones de reclusión.
El nuevo complejo penitenciario contará con ocho pabellones distribuidos en un área de 36.000 metros cuadrados, además de zonas administrativas, judiciales y espacios para visitas. También incluirá un pabellón exclusivo para 152 mujeres, con un centro de desarrollo infantil destinado a madres gestantes o con hijos pequeños.
Entre sus características destaca un espacio cultural diseñado para miembros de la comunidad indígena Wayuu, construido bajo el modelo de una maloka y con capacidad para 218 internos, con el objetivo de respetar sus prácticas culturales y promover procesos de resocialización.
La obra también contempla sistemas de tratamiento y reutilización de aguas residuales, talleres de formación, áreas de sanidad y espacios para actividades productivas.
Con esta nueva infraestructura, las autoridades buscan reducir el hacinamiento en la región, donde la actual cárcel de Riohacha registra niveles superiores al 260 %, mientras que los centros transitorios de la Policía presentan sobrepoblaciones aún más críticas. La nueva prisión se perfila como uno de los proyectos penitenciarios más importantes próximos a entrar en funcionamiento en el país.











