Y es que en el gigante bávaro la disciplina es ley. El club le impuso al colombiano una estricta “cláusula de idioma” que lo obliga a asistir entre dos y tres sesiones semanales de alemán, con evaluaciones periódicas para medir su comprensión y capacidad de comunicación. Todo con un objetivo claro: que Lucho se integre al 100 % dentro y fuera del vestuario.
La cosa va en serio. Si el extremo no demuestra avances suficientes, el Bayern puede aplicar sanciones económicas que van desde los 5.000 hasta los 50.000 euros, descontados directamente de su salario. Una medida que refleja la filosofía del club: profesionalismo total, sin excusas.
Para los dirigentes alemanes, dominar el idioma es clave para entender mejor la táctica, comunicarse con los compañeros, conectar con la afición y manejar la relación con la prensa. No es solo fútbol, es adaptación y estabilidad personal.
Formado en La Guajira y reconocido por su carácter luchador, Díaz asume este nuevo reto con la misma resiliencia que lo llevó a brillar en Europa. Su historia demuestra que cuando se trata de crecer y superarse, Lucho siempre responde. Y ahora, además de goles y gambetas, va por el alemán.










