Al fin se vislumbra el onceno estratégicamente acomodado y listo para llegar a la cima de la tabla.
Después de Brasil 2014, la selección nacional de futbol en cabeza del profe Pékerman, tenía que afrontar la difícil tarea de reemplazar la generación con la que había cerrado con broche de oro su representación en la copa mundial.
Esto claro, generó una pobre muestra de su juego en la Copa América, debido a que había que empezar a cambiar y a darle la oportunidad de jugar a muchos jugadores nuevos con los que se pretendería tener una selección para rato.
Al menos para construir la jerarquía necesaria para hacer algo mejor en la copa mundial que viene. En fin, después de las innumerables críticas, llegaron los primeros partidos de eliminatorias al mundial y la selección aún no estaba ni compenetrada ni armada.
Ante Bolivia pareciera que toda esa improvisación de jugadores para armar la defensa, que desde la muerte de Escobar en 1994 pareciera rendirle honor a él y a la hinchada de Colombia a nivel mundial, por fin llegó a su final.
Ahora bien, teniendo esta portentosa defensa, los encargados de nutrir a Baca o a cualquier otro delantero que se les coloque en punta, James y Cuadrado, se pueden concentrar en armar el ataque que en realidad se tiene desde hace rato.
Pero no todo queda allí. No es solo que ahora sí pareciera que ya está listo el equipo que irá a Rusia, es que la inteligencia ajedrecista de cada jugador en la selección se ha afinado al punto de que cada uno sabe que su puesto es crítico en ese plan de conquistar al contrincante en cada juego.
Eso fue lo que vimos ante Bolivia, un partido donde el héroe de la tarde del sábado no fue solo Marlos Moreno con la asistencia, o el mismo Edwin Cardona con el gol que diera la victoria.
¡No! El otro héroe de esa tarde fue David Ospina, quien aún con todo el dolor que tenía por el golpe que sufrió, decidió quedarse en el campo porque él sabía que el tercer cambio ya estaba listo, la estrategia estaba montada y ese cambio le daría a la selección el aire que necesitaba, sabía que por ahí podría estar la diferencia que les permitiera sostener el marcador o ganar.
Después de esa maravillosa lucha, esfuerzo y sentido de pertenencia de todos, ahora sí, véngase quien se venga, “habemus selectio”; y la primera víctima de la aplanadora que nació en La Paz, fue Ecuador.
j.c.sanmond@gmail.com












