Ya es hora de avanzar culturalmente y evitar el ruido”.
Con toda la publicidad gestada desde la capital en contra de la pólvora es fácil inferir que la costumbre anual de quemar añoviejos, ya está en su ocaso.
Para muchos será motivo de júbilo acabar con la molesta quema de los muñecos que deriva en una pesada contaminación aérea y auditiva.
Por otro lado, habrá quienes lamenten el suceso de lo que por lógica se avecina: el hecho de prohibir la quema de añoviejos porque es una actividad que alienta a perpetuar el uso de pólvora por parte de los niños, niñas, jóvenes y adolescentes de las diferentes comunas de cada municipio en el Valle del Cauca, porque son ellos los que más se emocionan a la hora de cerrar vías para pedir monedas y luego entonces prenderle fuego a su personaje al final.
En realidad la prohibición de la pólvora en general, representaría un descanso para los hombres y mujeres, pero en especial para las personas de la tercera edad que con toda seguridad, no soportan con tanta facilidad las explosiones repentinas a sus pies al cruzar una calle; un acto que cada año se vive repetitivamente por estos días, comúnmente protagonizado por chicos que no miden sus consecuencias.
Quizá, ya es hora de avanzar culturalmente y evitar el ruido ensordecedor de los totes, sapas, culebras y hasta silbatos durante todo el mes de diciembre, el bloqueo de las vías que impiden la normal movilidad de vehículos, y el riesgo para transeúntes que a menudo salen a las calles a desearle a sus vecinos y familiares el feliz Año Nuevo ya que en otros países algo así jamás se vive. Nostalgia habrá tal vez, si esta costumbre muere, pero será motivo de mayor responsabilidad y alegría pasar una Navidad y un Año Nuevo con todos y cada uno de los miembros de la familia en casa, gozando de buena salud.
Impedir que alguien padezca el doloroso y largo tratamiento de recuperación por quemaduras de primer, segundo o tercer grado, es una labor que los diferentes alcaldes, concejales, diputados y gobernadores de las diferentes regiones del país, deben emprender. Salvaguardar la salud pública, el despilfarro de dinero del sistema de salud al que tanto le adolecen los recursos, cuando todo ello se puede evitar a través de la aplicación de las sanciones vigentes, es imperativo.
En síntesis alentar, patrocinar o dejar que se siga con costumbres así, sería un caso de culpabilidad por omisión, no solo de padres de familia, sino también de quienes cumplen con la función de autoridad superior.
j.c.sanmond@gmail.com













