por: El Tabloide · 18 noviembre, 2016
El caserón pertenece aún a la única descendiente del inmigrante libanés que se asentó en la ciudad.
Tras toda una vida haciendo empresa y familia en Tuluá, Ignacio Kafure Slive murió en la casa Verdún, la que construyó con sus propias manos, el 19 de enero de 1964.
Seguramente son muchos los tulueños que se habrán preguntado, a su paso por la carrera 30 con calle 26, orilla oriental del río Tuluá, cuál es la tradición que tiene el caserón de la esquina que tiene en su parte frontal el nombre de Verdún.
La historia se remonta al año 1905, poco después del arribo a Tuluá del ciudadano libanés Ignacio Asbar Kafure Slive y tiene que ver con la I Guerra Mundial que afectó a la Europa central.
Los recuerdos permanecen muy vivos, a pesar de sus 96 años, en la memoria de Lucila Kafure Lozano, la única sobreviviente de los nueve hijos que tuvo el “Turco” Kafure, quien marcó la senda para que luego Tuluá fuera asentamiento de una importante colonia de familias llegadas del Oriente Medio.
“Mi papá llegó muy joven a Colombia por Cartagena procedente de Venezuela. Luego pasó a Fresno, Tolima, y de allí a Cali donde se enfermó de disentería y, por prescripción médica, se trasladó a Tuluá pues el clima de la capital del Valle no le era propicio” señala la única descendiente de Kafure, acompañada por su hijo David Lozano Kafure.
Construcción
de Verdún
Hurgando en su memoria, Lucila recuerda que en la ciudad, como buen “turco”, aunque su nacionalidad era libanesa, su padre lo primero que hizo fue crear un negocio de miscelánea denominado El Polo Norte, en la calle 26, enseguida del actual restaurante Picapiedra.
Poco después llegó hasta su negocio, recomendada por un amigo para trabajar, Angelina Lozano Perea pero la relación laboral pronto se convirtió en relación amorosa y terminó casándose con ella. De allí nacieron sus nueve hijos, ocho de ellos ya fallecidos.
Necesitado de un sitio donde vivir con su esposa y sus primeros hijos, decidió negociar con sus suegros el lote que estos tenían a la orilla de río y, a lo largo de los siete años siguientes, logró edificar la vivienda que hoy se conoce como Verdún.
“El nombre de esta casa viene de la batalla mas larga de la I Guerra Mundial, cuando las tropas alemanas invadieron la ciudad de Verdún, en Francia, en 1916” señala David Lozano Kafure, nieto de Ignacio Asbar Kafure.
Explicó que el inesperado ataque alemán movió a los generales franceses Philippe Pétain y Robert Nivelle a reclutar con urgencia nuevos soldados, acudiendo a la colonia extranjera residente en el país, entre los cuales estaban varios hermanos y primos de Kafure Slive.
“Esa es la hisotria del nombre de nuestra casa, mi abuelo nunca pudo olvidar ese nombre y quiso conmemorar la participación de su familia en esa batalla, por ello, una vez terminó su casa, le hizo grabar en bajo relieve el nombre de Verdún al frente” señala David Lozano Kafure.
El tamarindo
En la vivienda crecieron los nueve hijos de Kafure Slive hasta que llegó la hora de partida con la independencia familiar, quedando allí solamente Lucila al cuidado de sus padres, Ignacio y Angelina.
Ligado a la historia de la casa Verdún se encuentra un árbol de tamarindo, talvez el único de esta especie que exista en la Villa de Céspedes y del que Lucila Kafure guarda también la historia en su memoria un poco frágil pero fidedigna.
El árbol se encuentra plantado a un lado del Parque del Comercio, diagonal a la casa Verdún, y aunque ya casi centenario, aún eventualmente permite que los habitantes de calle que pernoctan en ese parque, cojan de sus ramas algunas pepas del exótico fruto.
“El tamarindo fue traído en 1930 muy pequeño desde Santa Marta, exactamente de la Quinta de San Pedro Alejandrino, por Alfonso Girón, para la época rector del Gimnasio del Pacífico que tenía su sede en el actual Palacio de Justicia” recuerda Lucila Kafure.
Al cumplirse el primer centenario de la muerte del libertador Simón Bolívar y dado que en ese lugar existía una placa que recuerda el paso del prócer por la ciudad con rumbo a Cartago, Girón, acompañado por otros ciudadanos como Alfonso Quintana, Hernando Escobar Quintero e Ignacio Kafure Lozano, uno de los nueve hijos del “turco” Kafure, plantaron el árbol.
Lucila se encarga eventualmente de su cuidado, abonándolo y regándolo pero por su avanzada edad esta función ha ido desapareciendo, por lo que está haciendo un llamado a las autoridades municipales como la Secretaría de Agricultura y Medio Ambiente o la misma CVC para que lo acojan y le brinden los cuidados técnicos que requiera debido a la historia que encierra.


