Investigadores advierten que el aislamiento extremo podría estar impulsando un proceso evolutivo que, con el tiempo, daría origen a una nueva especie.
Los reptiles viven en Gabón, dentro del sistema conocido como Cuevas de Abanda. Se trata de ejemplares de Osteolaemus tetraspis, el cocodrilo enano africano, una especie que normalmente habita ríos y zonas boscosas, pero que en este caso adoptó un estilo de vida completamente subterráneo.
En galerías inundadas y en total oscuridad, estos animales se desplazan en aguas mezcladas con guano líquido de murciélago, su principal fuente de alimento. Los científicos creen que podrían llevar miles de años adaptándose a este entorno extremo, aunque aún no se ha determinado cuántos individuos integran la población.
Uno de los rasgos más llamativos es su tonalidad anaranjada. El biólogo Matthew Shirley explicó que la exposición constante a compuestos químicos presentes en el guano, como la urea, podría estar alterando progresivamente la pigmentación de su piel.
Más inquietantes aún son las diferencias genéticas. Estudios citados por medios como Live Science y The Guardian revelan variaciones en el ADN que no aparecen en poblaciones de superficie. El investigador Richard Oslisly señaló que el grupo está genéticamente aislado, lo que favorece la acumulación de cambios con el paso del tiempo.
Para los expertos, este caso ilustra cómo el aislamiento y las condiciones ambientales extremas pueden impulsar la evolución. Aunque no es posible precisar cuándo ocurriría, los científicos sostienen que estos cocodrilos podrían estar en camino a convertirse en una especie completamente diferenciada.










