por: El Tabloide · 23 febrero, 2017
“Sean perfectos, como es perfecto su Padre celestial” Mateo 5,48
En el Evangelio de San Mateo a partir del capítulo 5, Jesús plantea una serie de enseñanzas que llevan a constatar que el seguimiento al lado del Maestro no son simplemente palabras bonitas sino más bien una serie de obras a realizar y que implicarán una verdadera coherencia de vida.
Hoy podemos decir que la vida cristiana, vida con Cristo, es una tarea que debe ser permanente y no siempre fácil, pues hay que hacer constantes esfuerzos para mantenerse fiel, hacer lo correcto, no salirse del camino recto o permanecer en la luz, que es el mismo Señor.
Jesús sabe que nada de esto es fácil y por eso recuerda a sus discípulos los mandamientos y preceptos, se los explica, los actualiza y los lanza a vivirlos con el verdadero sentido que tienen, invitándolos a no caer en relativismos sino por el contrario a entender que el espíritu que tiene la Palabra es mucho más amplio que la Palabra misma y que es el que permite que ésta se cumpla o viva a plenitud.
Jesús es por excelencia un formador o maestro para sus discípulos de todos los tiempos, y nos da una referencia bien clara en la persona del Padre Celestial, invitándonos a la perfección que no es otra cosa que aceptar nuestra condición humana, sabiendo que estamos convocados a actuar correctamente, a tener el bien por opción y darnos cuenta que es en Dios donde nos podemos santificar.
La perfección es un atributo exclusivo de Dios, que se transforma en compasión, es decir, en hacer suya nuestra realidad y transformarla para nuestro bien y salvación. Ser perfecto no es perder la condición humana, es asumir la capacidad de amar y ser misericordioso, pues así es el Padre Celestial.




