por: El Tabloide · 8 febrero, 2017
“…Jesús indica a sus discípulos una actitud de servicio: ser sal y ser luz…”
“Dijo Jesús a sus discípulos: Ustedes son la sal de la tierra… ustedes son la luz del mundo” Mateo 5, 13.14
Jesús acaba de proclamar las Bienaventuranzas y compromete ahora a sus discípulos en un ejercicio concreto de vida, impulsándolos a ser testigos de la transformación que implica la presencia del Reino de Dios en el mundo.
Les lanza dos retos: ser sal y ser luz. Lo primero lleva a encontrarse con un elemento culinario altamente necesario, que además ayuda a preservar los alimentos y lo segundo destaca la necesidad de la luz para vencer la oscuridad.
Pero de alguna manera hay que ir más allá y entender que ser sal es ayudar a los demás para que tengan sabor, salgan de lo insípido, sabiendo que hoy más nunca el discípulo de Jesús debe estar presente y transformar desde su experiencia de fe unas realidades, que necesitan acciones concretas, que le den sentido salvífico.
Lo contrario de la luz es la oscuridad. El discípulo debe ser luz, pues no puede conformarse con la realidad contraria. Muchas veces el problema consiste en que nos quedamos en el claro-oscuro que no dice ni determina nada y solo nos deja como en el aire o indecisos sin proyectarnos a cambios concretos.
Dar sabor y sacar de la oscuridad, son tareas concretas dadas a los discípulos por Jesús, sabiendo la hostilidad de muchos que pregonan la insipidez o prefieren permanecer en ella, los que están en la oscuridad por elección y no les interesa ni siquiera ver la luz al final del túnel, olvidando que la ventana no es para mirar hacia fuera, solamente, sino sobre todo para recibir iluminación.
Jesús indica a sus discípulos una actitud de servicio: ser sal y ser luz, con la certeza que no se trata de exagerar ni caer en mezquindad sino por el contrario ser coherentes con lo que se vive y lo que se entrega, sabiendo que la sal preserva de la corrupción y que la luz trae la visibilidad de todo aquello que hay que continuar haciendo pues es bueno o de lo que hay que cambiar pues no lo es.
Estamos invitados a dar sabor y a dar luz sabiendo que quien nos motiva o anima es la acción de Dios en nosotros pues si no nos quedaríamos solo en hacer cosas buenas y se trata de actuar desde la fe, como una respuesta al Señor que nos llama para que lo sigamos, viviendo con radicalidad sus enseñanzas y siendo sus testigos con nuestra vida y palabras.





