por: El Tabloide · 21 septiembre, 2015
Aunque sea una fecha comercial la celebración del Día del Amor y la Amistad puede aprovecharse para adelantar algunas actividades que conduzcan a lograr la convivencia pacífica del país de tal manera que se vean fortalecidos los lazos de amistad que nos unen como una gran familia colombiana.
Y le corresponde al sector oficial promover programas que ofrezcan mayor solidez al núcleo familiar si tenemos en cuenta que es la base de la sociedad para que podamos subsistir ante un mundo globalizado y relativizado que pretende finiquitar de un tajo una tradición milenaria.
No se podría vivir en sociedad, ni mucho menos en paz, si se pretende acabar con la institución familiar tradicional a pesar de sus muy variadas contradicciones que inducen a pensar que no ha servido para nada en el transcurrir de la historia, pero es lo que tenemos y nos vemos en la obligación de preservar, fortalecer y proteger, puesto que hasta ahora no se ha inventado nada que la supere.
Esta fecha es oportuna si nos proponemos ver más allá de la simple comercialización de la celebración y podríamos acercarnos los amigos, las familias y hasta los vecinos con el fin de perdonarnos en primer lugar, todas aquellas cosas que aunque pequeñas por molestas nos alejan en muchas ocasiones del núcleo que frecuentamos. Es así como estamos “peleados” con algunos hermanos, tíos, sobrinos, padres, hijos, a quienes no saludamos desde hace varios años, por cualquier motivo, entonces podría ser este día un gran momento para la reconciliación y tratar de hacer una seria reflexión sobre la urgente necesidad de vivir en paz consigo mismo y con quienes nos rodean.
Estamos de acuerdo con la gran mayoría de los colombianos que si la paz no empieza en casa, de nada valen cursos de capacitación, campañas oficiales, libros y hasta recompensas, porque se trata de una actitud íntima que debe ser inculcada desde el seno materno y así proseguir en el transcurso de la vida. Esta celebración debe ir más allá de ser una bonita ocasión para dar regalos, que es una manifestación del cariño que se tiene hacia una persona, sino también de lograr una reflexión profunda sobre el perdón y la reconciliación, muy necesarios en la actualidad cuando vemos que la violencia carcome el alma nacional por cualquier lado que se le mire.
Los comerciantes medirán el éxito de esta conmemoración por sus ventas, esperamos que la mayoría de la gente la mida por la capacidad que tiene para amar, para lograr amistades, para el perdón y olvido, virtudes que son escasas hoy día, pero no imposibles, si creemos que lo más valioso de la persona es su dignidad como hijos de Dios, ya que si solo aceptamos el nivel antropológico nos quedaríamos cortos en la visión del mundo y de un verdadero sentido de la vida.
Fortalecer los lazos familiares es una tarea primordial no solo en esta fecha sino todos los días del año, como se dice ante cualquier otra conmemoración, nada es más gratificante que el abrazo sincero del hijo, hermana, abuelos y demás parientes que conocen de nuestra historia particular y cuya lucha no ha sido en vano por alcanzar algo de la felicidad que anhela cada persona en lo más íntimo de su ser.
Es muy importante no deshumanizar la celebración y limitarla a la cantidad y calidad de los regalos que es hacia donde nos conduce el consumismo, porque de todos es conocido que muchas veces es más gratificante un abrazo sincero, un efusivo saludo, una caricia fraternal y un emocionante encuentro de viejos amigos a los que hace años no se veían. Es bien oportuno, especial y grato, aprovechar para bien este día del Amor y Amistad.


