por: El Tabloide · 10 octubre, 2016
“… se hace necesario que las partes agachen la cabeza y con sensatez crean de verdad que la paz está por encima de intereses personales…”
El premio Nobel de la Paz otorgado al presidente Santos es un fuerte espaldarazo al proceso que se acaba de firmar en La Habana que, aunque fue negado en un plebiscito que quería darle legitimidad, se convierte en un respiro de tranquilidad y esperanza para que los opositores y contradictores lleguen a un acuerdo unánime con el gobierno y se inicie por fin el camino tan anhelado hacia una paz duradera y estable.
El anuncio sorprendió a todos, hasta los más perspiscaces, por cuanto nadie preveía un hecho semejante luego de la negada consulta popular que presuntamente le restó puntos al presidente Santos para obtener un premio de tan altas proporciones por lo que significa tanto personalmente como para Colombia en general, y así lo hizo conocer el propio mandatario cuando señaló que es un premio para todos los colombianos que lo impulsa a continuar a con el mejor de los ímpetus para finiquitar el proceso que ha costado todo su caudal político pero que parece ser deberá ser ajustado para dar paso a una salida digna hacia un cambio que espera el país desde tiempos inmemoriales.
A buena hora llega esta noticia que de alguna manera desempantana los diálogos que tienen actualmente las comisiones nombradas por el gobierno para estudiar las principales críticas que se le han hecho a los acuerdos de La Habana y se hace necesario que las partes, guerrilla, opositores y gobierno, agachen la cabeza y con sensatez crean de verdad que la paz está por encima de intereses personales y ambiciones de poder político, que es lo que a primera vista se nota en las distintas apreciaciones de quienes dicen representar a las mayorías nacionales.
El Nobel de la Paz se convierte en un oasis en el desierto en que estábamos pocas horas antes gracias a los cientos de mensajes, mentiras, calumnias y tergiversaciones que las redes sociales presentan en todas direcciones y afectan decididamente el alma popular, entre otras cosas, porque se quedan en el impacto inicial sin ninguna profundización en el tema y en medio de este galimatías que nos condujo a una incertidumbre sobre el futuro del proceso de paz, renace la esperanza con este anuncio que desde el mismo momento fue celebrado por todos los mandatarios internacionales que tienen puestos sus ojos en nuestro país.
Es un nuevo reto para los dirigentes que ahora están a la cabeza de la nación para que reflexionen con seriedad y responsabilidad sobre lo que mejor conviene a todos los colombianos para iniciar una nueva etapa en el crecimiento social y político y si de verdad todos, hasta los contradictores con lo acordado en La Habana, quieren fervientemente la paz, pues ha llegado la hora de hacerla realidad, ya que con este empujón dado desde Noruega, no pueden continuar jugando al gato y al ratón mientras el pueblo espera una solución pronta y eficaz para salir del limbo que nos encontramos todavía y se necesitan almas grandes y espíritus generosos que realmente busquen de verdad el bien para todos los colombianos sin distinción de ninguna clase. La paz está a las puertas y es necesario que se abran de par en par para que, por fin, nos demos un sincero abrazo de fraternidad entre todos sin distinción de raza, credo religioso, clase social o económica.
Nos sentimos orgullosos de estar entre el concierto de las naciones, ya no por la violencia institucionalizada, sino por la paz garantizada en el futuro inmediato y todo depende del buen criterio de quienes hoy deciden por nosotros en el alto gobierno y ojalá se cierre este período de incertidumbre lo más pronto posible.


