por: El Tabloide · 8 junio, 2017
“…creer en el Espíritu Santo no es opcional sino que por el contrario es fundamental en la vida cristiana…”.
“Enseguida Jesús sopló sobre ellos y les dijo: reciban el Espíritu Santo. A quienes les perdonen los pecados, les quedan perdonados, y a quienes se los retengan, les quedan retenidos” Juan 20,22-23
Cincuenta días después de la Pascua celebramos la venida del Espíritu Santo sobre la Iglesia, en lo que tradicionalmente se ha llamado el acontecimiento de Pentecostés y que capacitó a los apóstoles a ser testigos valientes de Jesucristo, denunciando los abusos de las autoridades judías contra Jesús y proclamando la misericordia del Padre del cielo, que lo resucitó de entre los muertos.
El Espíritu Santo, fuerza que viene de lo alto, había sido ya anunciado por Jesús a sus discípulos como “otro Defensor”, para que no estuvieran solos, de tal manera que se puede experimentar como la presencia y compañía permanente de Dios para el creyente, que además le anima a permanecer dispuesto a la acción de Dios en su vida.
Después de la resurrección Jesús se aparece a sus discípulos y les concede el Espíritu Santo con la particularidad de recibir autoridad para perdonar o retener pecados, lo que implica, además, que ese Don tiene unas profundísimas repercusiones en la vida de la comunidad y en la acción de quienes la dirigen, siempre para el bien de todos.
Muchas personas tienen grandes y profundos cuestionamientos sobre el Sacramento de la Reconciliación, pero lo que encontramos es a Jesús vinculándolo estrechamente con el Don del Espíritu Santo, como si dijéramos que en esto la Iglesia no ha actuado nunca, ni actúa ahora, de forma independiente, sino por el contrario entendiendo que esta es una tarea recibida directamente del Señor y con la asistencia del Santo Espíritu.
Es necesario entender también que el Espíritu Santo le da forma y sentido a nuestra manera de creer, de tal manera que nos guía e ilumina para que acertemos en todo lo que tiene que ver con la fe, procurando que la vida toda tenga la guía del Santo Espíritu, que con sus Dones y Frutos, propende por una vida cristiana asumida con radicalidad.
Ahora bien, no se trata de una devoción más, pues creer en el Espíritu Santo no es opcional sino que por el contrario es fundamental en la vida cristiana, siendo constitutivo en la fe Trinitaria que profesa la Iglesia y que siempre nos ha enseñado como Esplendor de la Verdad.





