La primera piedra para el templo se puso en el 2005 y ocho años después se cumplió el acto de dedicación a la Santísima Virgen.
La gráfica aérea muestra la majestuosidad de la obra que se construyó en tiempo record y con los aportes de los fieles que creyeron en la iniciativa de Selenne Tamayo, quien fundó la congregación religiosa que hoy hace presencia en varios municipios del país.
No puede haber otro nombre más apropiado para este lugar incrustado en las montañas caicedonitas que El Jardín de María, pues solo basta con poner un pie en la entrada para entender que no se está allí por casualidad.
El templo a simple vista es imponente, cada detalle de la edificación es una prueba de perfección que mezcla los diseños grecoromanos con la modernidad representada en sus cúpulas que en los días soleados expiden destellos que se aprecian a varios kilómetros del sitio.
Pero si lo externo impacta a la vista al ingresar al templo dedicado a Santa María Madre de Dios, la impresión aumenta. Es como si la luz que se filtra por los dieciseis vitrales que recuerdan la pasión, muerte y resurrección de Jesús le indicaran al visitante que está en lugar revestido de santidad.
En su camerín, la imagen de María Madre de Dios aguarda a los fieles que llegan en búsqueda de ayuda espiritual.
Del sagrario que es una réplica de la basílica de San Pedro en Roma, brota una fuente de agua que según monseñor Hernán Giraldo, quien regentara los destinos de la Diócesis de Buga y considerado como uno de los mayores impulsores de la obra, representa la vida misma.
En el camerín al cual se accede por los costados se aprecia radiante la imagen de María Madre de Dios con el niño Jesús al lado, imagen que es vestida gracias a los aportes de los fieles que tras recibir los favores pedidos regresan para donar mantos que le dan un toque especial.
De acuerdo con las hermanas que hacen parte de la Congregación de Jesús que administran el lugar, la edificación en cada uno de sus detalles fue inspirada por la propia Virgen María a la laica consagrada, Selenne Tamayo Sánchez, una mujer que venció la muerte y quien en su lecho de enferma recibió la misión de construir un lugar para que sus hijos se reu-nieran a orarle al padre celestial.
La parte interna está adornada por dieciseis vitrales que recrean la pasión, muerte y resurrección de Jesús, una cascada que sale del sagrario y un águila que representa el evangelio de Juan.
“Este lugar que hoy ustedes ven es un ejemplo del poder de Dios pues piedra a piedra, ladrillo a ladrillo son fruto de la contribución generosa de los fieles que se empezaron a congregar en una pequeña capilla y quienes hoy permiten que miles de personas lleguen hasta acá para iniciar un camino de conversión o para simplemente dejar las pesadas cargas que llevan” dice una de las religiosas que amablemente atendió al equipo de El Tabloide a pesar de haber ido por fuera de los horarios establecidos.
El Santuario de María Madre de Dios abre sus puertas después de las dos de la tarde. Los sábados y domingos desde las ocho mañana hasta las seis de la tarde una vez concluya la eucaristía de las dos de la tarde.
El segundo sábado y domingo del mes se cumplen los encuentros especiales de oración con todos los fieles que llegan desde diferentes puntos del país y el exterior en búsqueda de ayuda espiritual.
El templo está ubicado en la vereda Montegrande a siete kilómetros del casco urbano de Caicedonia por una vía destapada pero con un entorno verde y lleno de vida que parece sin duda el camimo al paraíso.









