por: El Tabloide · 16 noviembre, 2016
“… pareciera que el país está caminando en la cuerda floja y no puede dar un paso en falso porque perece…”
Si algo ha quedado claro en los últimos años para la inmensa mayoría de los pueblos es el ocaso de los partidos tradicionales que ya no responden a las necesidades fundamentales de quienes son sus electores en cada campaña y al mismo tiempo se evidencia que las famosas encuestas de opinión no son tan fiables como parecen y se confirma que en su mayoría favorecen a quienes las contratan.
Se están presentando fenómenos que a primera vista parecieran espeluznantes, como es el último caso del próximo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, contra quien los más poderosos medios de comunicación arremetieron dadas sus declaraciones salidas de tono y fuera de contexto en el orden social, económico y político. Es así como los grandes críticos y analistas de la política internacional se siguen preguntando por este episodio que trasnocha no solo a los norteamericanos que no lo apoyaron, sino también a la comunidad internacional que permanece a la expectativa y con cierta incertidumbre sobre el futuro gobierno del presidente del país más poderosos del mundo.
El caso de Estados Unidos, el de la separación de Inglaterra de la Unión Europea e inclusive la pérdida del Si para los acuerdos de paz del conflicto colombiano, se convierten en un campanazo de alerta para todos los que detentan el poder económico, social y político en un país determinado.
Para nosotros los colombianos toma una especial importancia, ya que de todos es conocido que la clase política en nuestro entorno está de capa caída desde hace varios años y los líderes de turno hacen esfuerzos titánicos por permanecer en el poder utilizando todos los medios que les permita ser favorecidos por el voto popular.
Los partidos tradicionales se convirtieron en minoría y solo subsisten como consecuencia de las alianzas que se dan hasta con el diablo con tal de no perder el poco poder político que tienen y en medio de la crisis global se conforman con la parte del pastel burocrático que detenta quien reparte el botín presidencial de turno.
Se aproximan nuevas elecciones en nuestro país y se notan desde ahora los alinderamientos que van tomando los distintos movimientos y partidos con sus cabezas más visibles, con el fin de intentar ganar el favor electoral a partir del año 2018 que serán años decisivos para el futuro del país, aún desconociendo cuál será el fin del ya fracasado proceso de paz, que muy seguramente será a base de remiendos como tratará de pasar al otro lado de río como se dice en el argot popular.
También Colombia está polarizado y el pueblo confirma una y otra vez que desde la clase dominante se engaña en todas las formas con tal de no perder el poder económico, político y social que han tenido durante todos los tiempos, pero también se comprueba que falla a pesar de su poderío informativo, como sucedió recientemente con el plebiscito que se creía sería aprobado por la mayoría y no fue así. Aún persiste la incertidumbre que dejó a todos como un baldado de agua fría.
Es de verdad muy importante para nuestra región pensar y reflexionar detenidamente sobre los últimos acontecimientos que han pasado en nuestro medio y que estamos tocando el límite de la anarquía por cuanto ya ningún partido o movimiento político tiene la mayoría absoluta y cuando un sector gana, le queda poco margen de maniobra en la toma de decisiones Para dirigir con sensatez los destinos del pueblo.
Existen todavía problemas muy graves que afectan la convivencia y se debaten temas muy serios, entre ellos la reforma tributaria, el régimen de pensiones y el fenómeno de la minería ilegal, de cuyos resultados depende la seguridad y tranquilidad ciudadana.
Pareciera que el país está caminando en la cuerda floja y no puede dar un paso en falso porque perece. Educar para la política como arte de servir sería la salida, ya que el fracaso politiquero es un hecho irreversible.


