El fragmento de glaciar, ubicado a unos 5.200 metros de altura, habría caído sobre un valle y generado una gigantesca masa de agua, lodo, rocas, árboles y escombros que avanzó a gran velocidad, arrasando comunidades, puentes y edificaciones.
La tragedia deja hasta ahora al menos 353 personas muertas y más de 1.300 desaparecidas entre Nepal y el Tíbet, mientras continúan las labores de búsqueda y rescate.
El Servicio Geológico de Estados Unidos determinó que el movimiento registrado inicialmente como un sismo de magnitud 5,2 correspondió en realidad al colapso del glaciar y al posterior flujo de escombros, por lo que no habría ocurrido un terremoto.
Los expertos todavía estudian cuánto hielo se desprendió y reconstruyen la secuencia del desastre mediante imágenes satelitales y datos de campo.
El fenómeno también vuelve a poner la atención sobre los riesgos asociados al derretimiento de los glaciares y el cambio climático, que puede aumentar la vulnerabilidad de las comunidades ubicadas aguas abajo.



