Artunduaga fue seleccionada entre 1.172 postulantes de África, Asia y América Latina, convirtiéndose en una de las 15 ganadoras globales y una de las cinco representantes latinoamericanas distinguidas por el premio, que reconoce iniciativas con alto impacto e innovación en el sector salud.
La tecnología fue desarrollada por Samay, empresa fundada por la colombiana, y tiene un profundo significado personal. La idea nació luego de que su abuela, Sylvia, falleciera tras sufrir una crisis respiratoria causada por EPOC sin haber recibido un diagnóstico oportuno. En su honor, el dispositivo fue bautizado como Sylvee.
Se trata de un parche torácico portátil que, apoyado en inteligencia artificial, permite monitorear la función respiratoria fuera de hospitales y centros especializados, facilitando el acceso al diagnóstico en comunidades rurales y zonas donde existen barreras para recibir atención médica.
Según la compañía, en estudios preliminares el algoritmo logró anticipar una crisis respiratoria hasta 15 días antes de que ocurriera, lo que abre la posibilidad de iniciar tratamientos oportunos y reducir complicaciones.
La EPOC afecta a cerca de 500 millones de personas en el mundo y provoca más de tres millones de muertes cada año. En América Latina, además del tabaquismo, la enfermedad está relacionada con la exposición prolongada al humo de leña y biomasa, especialmente en mujeres de zonas rurales.
Como parte del reconocimiento, María Artunduaga recibirá 25.000 euros para fortalecer su emprendimiento, además de un programa internacional de aceleración, mentorías especializadas y acceso a una red global de innovación.
Actualmente, Samay tiene sede en California (Estados Unidos) y operaciones en Medellín y Bogotá. La empresa ha recaudado más de 5 millones de dólares, cuenta con 22 patentes en 17 países y proyecta expandir esta tecnología en América Latina para acercar el diagnóstico temprano de enfermedades respiratorias a las comunidades con menor acceso a servicios especializados.



