De acuerdo con el Instituto Nacional de Diabetes y Enfermedades Digestivas y Renales de Estados Unidos (NIDDK), mantener un peso saludable, mejorar la alimentación y realizar actividad física son medidas fundamentales para reducir la grasa hepática y controlar la inflamación.
Entre las bebidas que pueden incluirse en la rutina diaria están:
- Agua natural: favorece la hidratación y es la opción principal para reemplazar bebidas azucaradas.
- Café negro sin azúcar: su consumo se ha asociado con un menor riesgo de enfermedad hepática avanzada, siempre que no existan contraindicaciones médicas.
- Té verde o negro: aporta antioxidantes y puede complementar una dieta saludable.
- Infusiones de jengibre o canela: pueden consumirse con moderación, sin considerarlas tratamientos para el hígado graso.
- Agua con semillas de chía: aporta fibra y otros nutrientes que pueden contribuir a una alimentación equilibrada.
- Bebidas vegetales sin azúcar: pueden ser una alternativa ocasional, aunque no reemplazan el agua ni constituyen un tratamiento.
El cuidado del hígado también depende de otros hábitos. El NIDDK recomienda adoptar una alimentación saludable, realizar actividad física de manera regular, reducir el consumo de productos ultraprocesados y procurar un descanso adecuado.
Caminar entre 10 y 20 minutos al día puede ser un punto de partida para quienes llevan una vida sedentaria. En personas con sobrepeso, la reducción gradual del peso corporal puede ayudar a disminuir la acumulación de grasa en el hígado.
Aunque estas bebidas pueden acompañar una rutina saludable, ninguna sustituye la valoración médica ni el tratamiento indicado por un especialista, especialmente cuando existe daño hepático.



