La mujer y su hermana tuvieron que abandonar el apartamento donde Rubiela vivió durante cerca de 50 años, en Los Bloques 1 de Febrero, luego de que la estructura resultara afectada por el movimiento sísmico.
Desde entonces, ambas permanecían en el Coliseo Mayor de Pereira, convertido en refugio para las personas damnificadas. Para Rubiela, acostumbrada a su hogar y a valerse por sí misma, comenzar una vida en medio de la incertidumbre y las condiciones del albergue representó un fuerte cambio.
En los días posteriores al terremoto presentó dolores de cabeza y otros malestares, por lo que tuvo que utilizar durante 24 horas un monitor cardíaco. Su familia también intentó encontrar una alternativa para trasladarla a una vivienda de uno de sus hijos, pero diferentes dificultades impidieron concretar el cambio.
La madrugada de este lunes, cerca de las 4:00 a. m., su hijo Jhon Jair recibió la llamada que confirmó su muerte. De acuerdo con sus familiares, Rubiela habría sufrido un infarto mientras se encontraba en el albergue.
Sus allegados la recuerdan como una mujer trabajadora, independiente y dedicada a su familia. Ahora enfrentan su partida mientras intentan asimilar una tragedia que, para ellos, comenzó con la pérdida de su hogar y terminó con una dolorosa despedida.
Hasta el momento, no existe una confirmación médica que establezca que el terremoto o las condiciones del albergue hayan causado directamente su fallecimiento.



