Visitar el llamado paisaje cultural cafetero del viejo Caldas genera nostalgia de la buena, es recordar que la economía colombiana bailó al son de la producción de café casi todo el siglo XIX y el XX también, desde la primera exportación que se hizo por el puerto de Maracaibo (Venezuela) en 1835 – fueron exactamente 2565 sacos de 60 kilogramos cada uno- hasta hoy, que se exporta por todos los puertos marítimos del país.
Rápidamente la producción de esta rubiácea se consolidó en el territorio antioqueño, el viejo Caldas y el norte del Valle del Cauca, convirtiéndose esta región en la primera productora de café en Colombia. Hoy no es así, fueron desplazados por Huila, Tolima y Cauca, aunque Antioquia se mantiene como segundo productor nacional.
Entonces recuerda uno que obras monumentales como el cable aéreo que comunicaba Manizales con Mariquita, en una distancia de 72 kilómetros, fue realizada para transportar el café que se producía en casi todos los pueblos del viejo Caldas, para continuar su destino por el río Magdalena hasta llegar a los puertos de la costa Caribe y de allí salir a surtir los mercados de Estados Unidos y Europa.
Hoy solo queda la tramposa nostalgia, pueblos como Chinchiná y Marsella que siguen produciendo café pero no como antes, hoy son destino de aquellos a quienes nos llaman amigos de pueblear, de visitar estos rezagos de una cultura que se niega a desaparecer, la cultura del café, que en Marsella, por ejemplo, nos deja un hermoso cementerio con una arquitectura neo gótica que fue declarado patrimonio arquitectónico nacional, igual la construcción de la Casa de la Cultura, de tres pisos en adobe y madera, representativa de la llamada arquitectura de la colonización antioqueña y donde hay una interesante muestra de periódicos del siglo pasado y vestigios de utensilios de la vida cotidiana de una época donde se construyó riqueza, que se nota hoy en la pujanza y progreso de ciudades como Manizales, Armenia y Pereira.
La producción de café se niega a desaparecer, hoy aporta a la economía nacional aproximadamente 2.500 millones de dólares al año, ingresos en peligro porque Petro dice que se debe reportar al gobierno y pedir permiso para vender o comprar una propiedad rural.