Esta película del 2025 es dirigida por el talentoso director James Vanderbilt y protagonizada por Russell Crowe en el papel de Hermann Wilhelm Göring, también con Rami Malek interpretando al siquiatra Douglas Kelly en una trama histórica donde de nuevo se aborda el tema de los criminales de guerra y la forma como la justicia debe asumir este tipo de retos.
Esa primera escena donde se ve a un gordo, mofletudo Herman Göring embutido en ese uniforme azul celeste que lo identificaba como el segundo de Hitler, blandiendo un cetro de autoridad superior, bajándose de ese imponente carro negro Mercedes 770 para entregarse a las tropas americanas te da el tono de una película bien hecha y mejor actuada, con unos personajes que expresan la a veces inescrutable condición humana de unos seres que pasan de ser los dueños del mundo, es decir de la vida de millones de seres humanos, a unos simples y vulgares presos a la espera de ser juzgados por sus crímenes de guerra.
Y es que Göring hasta último momento da muestras de superioridad moral, su actitud es de reto permanente ante sus captores americanos, los mira por encima del hombro y en algunos pasajes de la película hay un asomo de identidad con él, gracias a la capacidad del siquiatra que logra bajarlo del pedestal moral para ponerlo en la terrenal condición de un hombre cualquiera.
Estos episodios históricos tan repetitivos, casi calcados a lo largo de cientos de años, sin línea de tiempo-espacio nos llevan inevitablemente a compararlos con similares, no iguales, hechos ocurridos en la Colombia de hoy, donde una élite inhumana, autora de crímenes de lesa humanidad, como aquellos de la película, no son juzgados para que paguen por su ordalía y no se vuelva a repetir la tragedia, no, aquí se juzgó con benevolencia por una justicia especial cómplice, donde los verdugos no pagaron un día de cárcel, entonces la historia nos castigó una vez más, pues en muy poco tiempo se repitió el ciclo de violencia por culpa de una justicia que sacrificó a toda una sociedad por la impunidad de unos pocos.
Inevitable la comparación, allá, en la película, el castigo fue el patíbulo, la horca justiciera, aquí, curules gratis, vida muelle, el disfrute de bienes mal habidos. Dos ejemplos de justicia, la primera expedita, justa, ejemplarizante, pero con juicio de por medio, aquí, remedo de juicio e impunidad rampante, la historia se repite, primero como tragedia y luego como vulgar comedia.




