Según el experto, la popular tendencia de madrugar está relacionada con la idea de aprovechar el tiempo mientras los demás todavía duermen. Sin embargo, desde el punto de vista biológico, no existe una razón general para considerar las 5:00 a. m. como la hora ideal para comenzar el día.
Rodríguez explica que obligar al organismo a funcionar demasiado temprano puede alterar los ritmos circadianos, especialmente en personas que naturalmente tienen horarios de sueño más tardíos. El problema aumenta cuando madrugar significa sacrificar horas de descanso.
Dormir poco puede afectar la capacidad para tomar decisiones, la regulación de las emociones y las relaciones sociales. Además, la falta de sueño acumulada no se compensa completamente con dormir más durante el fin de semana.
En lugar de establecer una hora fija para levantarse, el especialista recomienda mantener horarios regulares de sueño, disminuir progresivamente la exposición a la luz y las pantallas antes de dormir y establecer límites a la actividad laboral y digital durante la noche.
La conclusión del experto es clara: dormir no es perder tiempo, sino una de las condiciones necesarias para mantener una buena salud y funcionar adecuadamente durante el día.



