El estilo Abelardo

La forma de gobernar del presidente Abelardo De La Espriella ha chocado con los espíritus mojigatos de muchos colombianos acostumbrados a las mal llamadas buenas maneras, a usos y costumbres que prodigan la melosería, o mejor, lambonería cortesana tan efectiva en los círculos del poder.

Pegaron el grito en el cielo cuando el presidente salió a patrullar con las fuerzas militares y se terció al cinto un arma de la República, era necesario dejar claro como símbolo de autoridad que el título de comandante en jefe no era solo una formalidad constitucional, era autoridad real en una zona como la Sierra Nevada de Santa Marta donde los paracos ya hacían parte del paisaje institucional, el cobro cotidiano de la extorsión era un impuesto más que la gente se había acostumbrado a pagar sin decir nada. Ahora llegaba allí la autoridad legal del presidente a dejar claro quien de verdad manda, ese era y es Abelardo De La Espriella.

Lo mismo hizo en las ollas de Cali, donde los alcaldes y policía se habían acostumbrado a convivir con esos centros de consumo y comercialización, a plena luz del día, de toda clase de estupefacientes, también sitios de operación delincuencial sin atenuantes de cuanta ilegalidad se les ocurriera, desde desvalijar un carro robado hasta alquilar un arma de fuego para cometer sicariato.

Todo indica que ese modelo de confrontación directa con la delincuencia le está dejando réditos al gobierno, muchos le aplauden con admiración después de esa sequía de autoridad y connivencia con el delito en el cuatrienio petrista.

Igual enfrentamiento, pero en otro escenario, se está dando en las relaciones del presidente con funcionarios elegidos como gobernadores, alcaldes y rectores de universidades, donde el problema es la misma extorsión a la ciudadanía, pero con otro vestido, el de la corrupción administrativa con el dinero de los impuestos que pagan los colombianos; así se vio en el rifi rafe con el alcalde de Sincelejo, el famoso Yahir Acuña, a quien Abelardo le recordó sus antecedentes de corrupción, notificándole su desconfianza en la transparencia de sus actos administrativos, específicamente en el manejo del PAE, Plan de Alimentación Escolar.

Finalmente, el presidente también se metió con los intocables rectores de las universidades públicas, a quienes notificó que la autonomía universitaria no es una patente de corso para proteger a los capuchos, o para despilfarrar el dinero de las transferencias de Ley, en este caso la emprendió contra el rector de la Universidad de Córdoba, Jairo Torres, -quien renunció- sobre quien recaen serias sospechas de corrupción.

Confrontación con los funcionarios corruptos parece ser el estilo Abelardo, y a la gente le está gustando, vamos a ver hasta dónde llega.

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