Si para los colombianos el día después de las elecciones terminó con el triunfo de Abelardo De La Espriella y el impecable proceder de la Registraduría General de la Nación, no se puede decir lo mismo del otro candidato, el señor Gustavo Petro, quien era el verdadero candidato del Pacto Histórico para continuar gobernando la nación y se niega a reconocer su derrota, además amenaza con no entregar el poder.
Iván Cepeda era solo el referente, quien actuó como candidato en toda la campaña fue el presidente de la República, con el agravante de tener a su servicio la chequera del estado, además de todos los ministerios, institutos descentralizados y organismos públicos o privados donde el estado tenía intereses o acciones, nada se quedó por fuera de estar al servicio de la campaña electoral del Pacto Histórico.
Y esa descarada intervención de Petro y su gobierno fue notoria en la segunda vuelta, es la única explicación para entender por qué de 9.688.361 de votos obtenidos en la primera vuelta por Cepeda, se pasó a 12.707.570 en la segunda, porque ni sumándole los votos de Fajardo (1.009.361) los de Claudia (225.517) los de Roy (14,108) y los de Luis Murillo (14.270) le alcanzarían para ganarle al Tigre, pues esta suma solo daría 10.950329
¿Entonces, de dónde salieron los más de 1.757.000 votos que le harían falta a Cepeda para llegar a los 12.707.570 que fueron los que finalmente sacó?
Es claro que esa votación certificada por los testigos electorales del Pacto Histórico en las mesas de votación tiene una explicación, además de la cínica participación del gobierno, y fue el apoyo del llamado voto fúsil en extensas zonas del país donde el estado no hace presencia y los grupos de la narco-guerrilla imponen su ley y apoyaron a Cepeda con el cien por ciento de los votos, así lo denunció el concejal de Medellín Andrés Tobón, explicó que en el departamento de Nariño se presentaron 195 mesas de votación con esa situación, igual en 94 mesas del Cauca, 95 en Chocó y 31 mesas en nuestro Valle del Cauca.
Igual situación se presentó en algunas zonas indígenas, mejor dicho, esa votación atípica e ilegal le dieron a Cepeda la alta votación que obtuvo en segunda vuelta.
El pavor que hoy consume a Petro y muchos funcionarios de su gobierno no es tanto haber perdido las elecciones, es tener que rendir cuentas al nuevo gobierno del robo del estado, no solo para el enriquecimiento ilícito, también para ganar unas elecciones donde el pueblo les dijo: ya no más.




