La situación se presenta especialmente en municipios y comunidades donde el sismo provocó el desprendimiento de tejas, daños en estructuras y el colapso parcial de viviendas. Con la llegada de las lluvias, algunas cubiertas debilitadas han terminado de ceder, mientras el agua está ingresando a casas que todavía son utilizadas por las familias.
En Roldanillo, uno de los municipios fuertemente golpeados por el terremoto, durante las últimas horas se ha hecho un llamado urgente para conseguir plásticos de gran tamaño que permitan cubrir provisionalmente los techos afectados, además de tejas y otros materiales que ayuden a proteger las viviendas que aún pueden ser habitadas.
Pero la necesidad no es exclusiva de este municipio. La misma situación enfrentan familias damnificadas en diferentes localidades del norte del Valle, especialmente en sectores rurales donde numerosas viviendas perdieron total o parcialmente sus cubiertas durante el movimiento sísmico.
Hasta ahora, buena parte de la solidaridad ciudadana se ha concentrado en alimentos, agua, elementos de aseo, ropa y otros productos de primera necesidad. Sin embargo, conforme avanzan los días, las necesidades de los damnificados empiezan a cambiar.
Plásticos resistentes y de grandes dimensiones, tejas y materiales para reparaciones provisionales se convierten ahora en elementos prioritarios para impedir que las lluvias deterioren aún más las viviendas, enseres y pertenencias que las familias lograron conservar después del terremoto.
El llamado es a quienes continúan organizando campañas, caravanas y ayudas humanitarias para que tengan en cuenta estas nuevas necesidades antes de desplazarse hacia las zonas afectadas.
La solidaridad de los colombianos ha permitido atender durante los primeros días las necesidades más urgentes de miles de damnificados. Ahora comienza otra etapa de la emergencia: proteger lo que quedó en pie y evitar que la lluvia termine de destruir lo que el terremoto dejó debilitado.



