La enfermedad renal crónica puede avanzar durante años sin presentar síntomas. Por eso, además de mantener una alimentación equilibrada, es importante prestar atención a los hábitos que pueden influir en el funcionamiento de los riñones.
Especialistas recomiendan evitar el exceso de carne y variar las fuentes de proteína, además de reducir el consumo de sal y mantener una adecuada hidratación. Esto no significa que sea necesario eliminar la carne de la dieta, sino evitar que su consumo sea excesivo o desplace otros alimentos.
También se aconseja no abusar de los antiinflamatorios, controlar condiciones como la hipertensión y la diabetes y realizar controles médicos cuando existan factores de riesgo.
La detección temprana es especialmente importante porque la enfermedad renal puede ser silenciosa. Un análisis de sangre y uno de orina pueden ayudar a identificar alteraciones antes de que aparezcan síntomas.
Cuidar la alimentación y revisar periódicamente la función renal puede ayudar a detectar problemas a tiempo y reducir el riesgo de que la enfermedad avance.



