El microtráfico resulta ser la génesis de este mal”.
Las estadísticas reveladas por el Instituto Nacional de Ciencias Forenses sobre la mortalidad de niños y adolescentes producto de agresiones con armas de fuego, blancas y objetos contundentes en lo que va corrido del año 2016 son alarmantes y ratifican que sobre este segmento poblacional se cierne un grave peligro.
Pero mas preocupante resulta el hecho de que sea el Valle del Cauca el departamento que ocupa el primer lugar en esta estadística con el 35 por ciento de los casos, porcentaje donde Cali tiene el mayor número de casos y ciudades como Tuluá, Palmira, Buga y Cartago aportan otra cantidad significativa.
De acuerdo con las mismas estadísticas la mayoría de estas muertes tienen o guardan relación con el consumo y expendio estupefacientes, es decir que el microtráfico resulta ser la génesis de este mal que carcome a la sociedad.
El dramático escenario obliga a buscar los responsables. El primero de ellos está representado en el fracaso rotundo de las políticas antidrogas a nivel global, pues la producción a pesar de los golpes continuos de las autoridades se mantiene intacta debido a que la demanda en el exterior tampoco varía y parece ser que por el contrario, los mercados internacionales están cada día pidiendo mas y mas alcaloides.
Un segundo ítem tiene que ver con el abordaje del control interno, pues mientras a diario se reportan capturas en los boletines policiales por pequeñas dosis, “las ollas” o sitios de expendio se mueven sin control y en muchos casos, tal como se comprobó en los operativos del Bronx, lo hacen con la protección de la misma autoridad.
Un tercer aspecto tiene que ver con el libertinaje que hoy es el común denominador en los hogares. Familias desintegradas porque los padres se fueron a probar suerte a otras latitudes y en consecuencia los hijos se crían bajo la tutela de abuelos y tíos quienes en un alto porcentaje fracasan en la tarea.
Hoy la palabra autoridad parece haber desparecido del lenguaje familiar y ya no se ejerce como en antaño, pues los padres de este tiempo, la mayoría de ellos jóvenes, no saben cómo ejercerla y sus hijos crecen al vaivén de la tecnología, el consumismo y añorando una vida de comodidades que nos les represente mayores esfuerzos, lo que constituye el caldo de cultivo perfecto para sucumbir ante las tentaciones y terminar arrastrados hacia el oscuro túnel sin salida de la drogadicción, el punto de partida y tristemente de llegada.
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