Brujería presidencial

En Colombia la gente cree sin vacilación que Petro y su combo pueden haber dejado instaladas cualquier clase de brujerías en la Casa de Nariño y que Abelardo actúa correctamente absteniéndose de gobernar desde allí y hacerlo más tranquilamente desde el viejo Palacio de San Carlos, donde los conspiradores septembrinos pretendieron dar muerte a Bolívar en el lecho mientras se revolcaba con Manuelita.

Por alguna razón, que traté de descifrar con experiencias propias y sufridas, en un simpático artículo hace unos días en la reaparecida revista Soho, la política colombiana ha estado entrelazada con brujerías y sortilegios, adivinas y magos. No es cosa de novelas, o de versiones mal contadas que se van transformando.

Existe en el imaginario popular la creencia esculpida con los años que nadie es capaz con solo su poder humano de salir adelante en la vida. Los indígenas primigenios de estas tierras entonaban cánticos de petición a Mirús para que se interpusiera entre ellos y los barbudos blancos que montaban animales que  no habían conocido antes.

La Iglesia en su sabiduría perversa entendió que ponerlos a rezar a un Dios bueno o a su madre santísima, era una forma de irlos adhiriendo al catolicismo, pero eso sí, fueron muy enfáticos en prohibir las brujerías y las encomiendas a los demonios hasta el extremo de aplicar la Santa Inquisición para quemar en hoguera a quien ejerciera tal intermediación ante Mirús.

Con todo ello el colombiano de hoy, aunque mete el dedo en la pantalla para ingresar al sancta sanctorum de la IA, sigue creyendo que es con el apoyo de los malos inasibles donde se blinda la gestión de gobernantes tan particulares como Petro

 y que como la batalla pasó de lo electoral al odio, Petro y su combo de greñudas y volantonas pueden haber dejado por lo menos sembradas  la brujería y los sortilegios en la casa donde no solo va a gobernar Abelardo sino que va a vivir con su familia cuando esté en Bogotá.

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