por: El Tabloide · 8 junio, 2015
“Mientras comían, Jesús tomó
un pan, pronunció
l a bendición, lo
partió y se los dio
diciendo: Tomen,
esto es mi cuerpo.
Cogiendo una copa, pronunció la
acción de gracias,
se las dio, y todos
bebieron. Y les dijo: Esta es mi sangre, sangre de la
alianza, derramada por todos” Marcos 14,22-24
Cuando asistimos a la Eucaristía y se pronuncian estas palabras estamos en el momento más importante de la celebración, es el culmen pues el pan y el vino se convierten, por la acción del Espíritu Santo en las palabras y gestos del sacerdote, en el Cuerpo y en la Sangre de Jesucristo, haciéndose realmente presente.
No es un recuerdo de un hecho del pasado que está escrito en el Nuevo Testamento sino más bien que vuelve a ocurrir el sacrificio de la cruz y se proclaman las maravillas que Dios ha realizado a favor de nosotros, es la actualización del acontecimiento en el cual Jesús entrega su Cuerpo y derrama su Sangre, se hace presente y se nos da como alimento verdadero, como pan de Vida Eterna.
Ponerse de rodillas en este momento es reconocer que Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, está ahí en la grandeza de este misterio que contemplamos con fe, que celebramos con esperanza, que ha de servirnos para animarnos en las obras concretas de caridad y para vivir eucarísticamente toda nuestra vida con las acciones que la componen.
Ser partícipe de este acontecimiento implica que celebramos a Jesús presente en la Eucaristía y damos gracias, por su entrega, su permanencia, que sea alimento, por la comunidad celebrativa, por nuestra vida, por el domingo día del Señor, por tantas bendiciones y beneficios recibidos a partir de este don de la Eucaristía.
Lógicamente al celebrar la Eucaristía nos comprometemos a vivir a la manera de Jesús y por tanto no es solo lo que ocurre al interior del templo sino también lo que sigue después y por tanto es la vivencia de lo celebrado en la realidad familiar, laboral, estudiantil, social y en todo lo que hacemos, sabiendo que el cristiano que celebra la Eucaristía y comulga con Jesucristo tiene que anunciarlo, entiéndase evangelizar, con su vida, gestos y palabras.
Celebramos este domingo la Solemnidad del Corpus Christi o Cuerpo y Sangre de Cristo que, en una larga tradición de siglos, nos recuerda que la veneración pública del Cuerpo de Cristo fortalece y alimenta nuestra fe y nos compromete a vivir cristianamente.





