por: El Tabloide · 1 febrero, 2016
”Todos le manifestaban su aprobación y estaban llenos de admiración por el lenguaje de misericordia que empleaba” Lucas 4,22.
Según el Evangelio de Lucas, Jesús comienza su predicación y vida pública en Nazaret donde recibe la aprobación y admiración de todos, pero donde también se le cuestiona por su origen y por la autoridad con que habla.
La palabra de Jesús está llena de contenido, de tal manera que cumple lo que anuncia y seguramente, las gentes cansadas de predicadores superficiales y sin autoridad, reconocen en el Maestro de Galilea a aquel que ha llegado para plantear unas perspectivas diferentes para su vida en general.
Es a partir de su coherencia de vida y la sabiduría de su enseñanza que llega la aprobación de un auditorio tan difícil como el de sus familiares y conocidos que lo juzgan por ser el hijo de uno de ellos y que no terminan de comprender la realidad de ese personaje que vieron crecer y cuyo núcleo familiar conocen demasiado.
A lo largo de la vida de Jesús su lenguaje, verbal y no verbal, será el de la misericordia, pues si hay algo que lo distingue precisamente es tener la capacidad de acercarse a la realidad de cada persona y actuar sobre ella, de tal manera que sienta su profundo amor y respeto por su dignidad, además de la preocupación por todos los aspectos que componen su existencia.
Ese lenguaje de misericordia tiene mucha novedad por cuanto la experiencia era de un Dios severo y vengativo y no la de un Dios amoroso y cercano, que da la salvación eterna y la realización humana, un Dios con un plan de salvación y no de destrucción.
Tenemos el privilegio de celebrar este año el Jubileo de la Misericordia, con el propósito, nos dice el papa Francisco de que “sea experiencia viva de la cercanía del Padre, como si se quisiera tocar con la mano su ternura, para que se fortalezca la fe de cada creyente y, así, el testimonio sea cada vez a más eficaz”, presentándose entonces como don y tarea que permite saberse amado por Dios pero con la obligación de entregarse en el amor.
Además dice el Papa en la Carta que convoca al Jubileo, que “será un año para que las mujeres y los hombres salgan de su ensimismamiento (de pensar en sí mismos) y volverse hacia los demás usando la misericordia, el perdón, la comprensión, la ternura” para que todos aprovechemos este tiempo de Gracia, que tal vez los contemporáneos de Jesús no alcanzaron a captar completamente y que hoy continua admirándonos por su profundidad y su propósito salvífico.






