José R. Figueroa, toda una semblanza del periodismo, llegó de su natal Popayán hace 50 años y desde entonces Tuluá ha sido centro de su vida.

- En pleno uso de lo que mas le gusta, leer los periódicos, José R. Figueroa pasa los días en su casa del barrio La Esperanza.
Hablar de José R. Figueroa es remontarse a parte de la historia del periodismo tulueño al que le entregó sus mejores años y desde donde construyó un estilo en el que la parte cultural fue siempre la parte fundamental.
Nacido en Popayán hace 88, ya casi 89, José Reinaldo Figueroa Castro inició allí sus labores periodísticas siendo estudiante de cuarto de bachillerato del colegio Champagnat de los Hermanos Maristas, donde empezó a publicar un pequeño periódico de dos hojas al que llamó Alas de Juventud. “Era el informativo del colegio pero también me servía para ‘lamberle’ al rector y a los profesores” acota divertido recordando aquellos tiempos.
También allí se casó con Cristina, la misma que muchos años después dejara una huella y un recuerdo entre cientos de tulueños que aprendieron sus secretos y trucos en el espacio televisivo Los consejos de Cristina que se emitió por varios años en el ya desaparecido canal local Tuluacentro.
Sin mucho esfuerzo pues su lucidez mental está muy clara, recuerda que en Popayán conoció a Baldomero Sanín Cano, periodista y rector de la Universidad del Cauca, quien una vez lo llamó para felicitarlo por su periódico estudiantil y, para despedirlo lo llamó ‘colega’. “Imagínese el orgullo que puede sentir en ese momento un joven de 18 años a quien semejante figura le llama colega” agrega José R. Figueroa.
Periodismo en Tuluá
Poco después se retiró del colegio, sin terminar su bachillerato, e ingresó al Banco de Colombia, al tiempo que iniciaba estudios de contabilidad en un instituto intermedio de la capital caucana. Luego pasó por el Banco de la República allí mismo y se profesionalizó como contador en el Sena.
“Con estos estudios, un día de 1965 recibí un ofrecimiento laboral del ingenio Riopaila y, sin pensarlo dos veces, tomé a mi mujer y mis cinco hijos y escogí a Tuluá como vivienda. Duré ocho años en Riopaila pero no volví a salir de Tuluá” agrega el veterano periodista en su casa del barrio La Esperanza I etapa.
Una vez liberado de la carga laboral y el cumplimiento de horarios y viajes diarios a la planta de La Paila, Figueroa Castro se pudo dar el lujo de volver a lo que siempre ha sido su pasión: el periodismo.
Empezó en un noticiero que tenía Radio Reloj de Tuluá, cuando su propietario era César Tabares López y poco a poco hizo tránsito al periodismo escrito, empezando como corresponsal del diario El País en Tuluá.
Más adelante ingresó a La Esfera, periódico que orientaba el exalcalde tulueño Carlos Alberto Potes Rolán. Luego pasó por El Pueblo, diario caleño ya desaparecido lo mismo que Occidente, siempre en funciones de corresponsalía desde la Villa de Céspedes.
“Con EL TABLOIDE trabajé en dos épocas, siempre al lado de José W. Espejo, cuando aún no tenía la fuerza que hoy tiene y no contábamos las ventajas tecnológicas de hoy” recuerda con algo de nostalgia Figueroa.
También pasó por la televisión en donde mantuvo por mucho tiempo el espacio Panorama Cultural y donde acuñó la frase célebre “apoyemos la cultura para que no nos destruya la incultura”.
Coleccionista de himnos
Sientiéndose tan tulueño como el cerro El Picacho, Figueroa Castro cooperó para que algunas instituciones nacieran o crecieran bajo su apoyo. Así, fue fundador del Círculo de Periodistas de Tuluá, apoyó la construcción del actual comando de la Policía y el traslado del entonces hospital San Antonio a la sede donde tomó el nombre de Tomás Uribe Uribe.”A lo que me opuse siempre fue a la construcción de la Terminal de Transportes, ese no era el sitio porque partió la ciudad” enfatiza.
Poco después, gracias a su disciplina y diversos trabajos logró la pensión y, desde entonces se retiró a su casa para disfrutar de su familia y algunas actividades como el fútbol a través del equipo Estrellas de Ayer que fundó junto a otros veteranos mayores de 50 años.
Otro de sus pasatiempos fue coleccionar himnos de distintos países. Entre sus pertenencias aún se conservan cientos de ellos, adquiridos a través de muchos años, escribiéndoles a las embajadas o a los gobiernos mismos.
“Ahora, con todos mis hijos profesionales y algunos de ellos ya pensionados, me dedico al descanso, salgo al centro para caminar pues es una recomendación médica y en las tardes me gusta leer los periódicos, leo los diarios El País, Occidente y La República todos los días y EL TABLOIDE los sábados, todos completos, no me pierdo nada y por la noche los noticieros de Teluro y Noticinco de Telepacífico” agrega el periodista.
Lo que mas le gusta son los columnistas y del diario de los Lloreda en Cali lee con deleite a Gloria H. y “Poncho” Rentería. Y de EL TABLOIDE sus páginas preferidas son las de pasatiempos, hace siempre la sopa de letras, los sudokus y el crucigrama sobre los que acota que, si le toca acudir al diccionario, lo hace pero nunca lo deja sin terminar, al igual que los de los demás periódicos.
Siempre amable, dispuesto a dar a su ciudad adoptiva cuanto pueda, gestor de múltiples campañas en favor de su desarrollo y forjador de muchos de quienes hoy siguen ejerciendo el periodismo en Tuluá y otros lugares del país, así es José Reinaldo Figueroa Castro, un hombre en quien se cumple a cabalidad la frase de la comunicadora bugueña Vicky Dávila: un periodista-periodista.









