Este lugar no solo guarda años de historia y de fe, sino también el recuerdo imborrable de Luz Adriana Restrepo, quien perdió la vida aquel día cuando salía del templo y una imagen religiosa cayó sobre ella.
Hoy, cada reparación representa esperanza; cada muro que se recupera nos recuerda que, incluso después de los momentos más dolorosos, Tuluá encuentra la fuerza para levantarse.
La edificación comienza a renacer, mientras la memoria de Luz Adriana permanece para siempre en el corazón de la ciudad.



