Presidentes promiscuos

Además de gobernar los presidentes son seres humanos como cualquier vecino del barrio, con pocas virtudes y muchos defectos, unos más notorios que otros, pero al fin y al cabo humanos, demasiado humanos.

Lo de Petro y sus andanzas prostitucionales, con droga incluida, sí rompe cualquier antecedente, algo jamás visto, porque de por medio está el pago, con cargo al presupuesto nacional, de favores sexuales y de los otros.

Un caso parecido, pero jamás igual, es el del patojo Guillermo León Valencia, quien gobernó entre 1.962 y 1.966, desde la aburrida y gris Bogotá de entonces, se rodeaba el presidente de un grupo de amigotes periodistas a quienes llamaban los gorilas porque parecían guardaespaldas, no lo abandonaban en ningún momento, eran ellos Lader Giraldo, Alberto Giraldo, Camilo López y Darío Hoyos, muy reconocidos en el oficio.

Pues bien, ellos no solo se encargaban de manejar la imagen, buena imagen, del presidente, también eran compinches en sus andanzas de vida loca en los lupanares del altiplano, asiduos visitantes de la casa de citas de doña Blanca Barón, conocida como El Rosedal, donde en cierta ocasión el fotógrafo de El Tiempo Carlos Caicedo se apostó, con su cámara lista, a esperar hasta altas horas de la madrugada a que de allí saliera el presidente de la República para tomarle la foto y pillarlo en flagrancia.  

Así sucedió, pero dicen que el fotógrafo no alcanzó a obturar su cámara porque el presidente se le abalanzó y tiró la cámara al suelo.  El bochinche, la red social de la época, se extendió por todo el país y el puteadero de doña Blanca Barón logró reconocimiento nacional.

Lo cierto es que Guillermo León Valencia no pagaba sus peripecias sexuales nombrando o consiguiéndole un contrato a la madame Blanca Barón en los ministerios o el senado de la República, como hizo María José Pizarro en el 2019 con Deicy Jiménez, dama de compañía de Petro, según la auto inculpación que hizo ella misma en entrevista con la revista Semana, donde explica como esos favores sexuales a Petro se extendieron hasta este año y fue pagado con un último contrato en el DAPRE, Departamento Administrativo de la Presidencia de la República. Cuando ella se aburrió de él, lo echó y lo denunció por machista y megalómano, a decir de ella.

Ahora bien, la prostitución no está tipificada como delito en Colombia, el tráfico de drogas al menudeo de los jíbaros sí, pagar con contratos del estado los servicios sexuales del presidente de la República, también. Esto apenas comienza, será una larga y deliciosa historia de cómo el lumpen llegó al poder en Colombia e hizo de la Casa de Nariño un prostíbulo refinado pagado con el dinero de nuestros impuestos.

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