El Club de Leones Monarca de Buga está celebrando sus 65 años de fundado cuando un grupo de selectas personas decidieron aceptar el decálogo de Melvin Jones y se comprometieron a dedicarse de lleno al servicio de la comunidad especialmente de los menos favorecidos.
En el transcurso de esos años, desde 1951 hasta hoy, los miembros de esta institución han dejado una estela gigante de acontecimientos que han marcado la historia Bugueña de una u otra manera siguiendo el eje fundamental de su fundador como es el de estar al servicio de los más necesitados.
Hombres y mujeres de corazón gigante se han puesto al servicio de las causas más nobles sea donde sea necesario y es así como han construido vivienda, asistido a quienes han sufrido tragedias de toda índole, apoyado a instituciones como hospitales, a los hombres y mujeres del campo, impulsado actos culturales y cívicos, en un esfuerzo constante y desinteresado unidos en un solo espíritu leonístico que continúa hoy tan sólido como hace ya sesenta y cinco años.
Me es entrañable el Club de Leones de Buga porque tuve la oportunidad de conocerlo de cerca en mi juventud, gracias a mi hermano mayor, Ovidio Ramírez López, quien perteneció a tan admirable entidad y en ese entonces hasta se intentó crear vanamente un Club Juvenil ya que los estatutos no lo permitían.
Igualmente conozco de cerca a varios de sus miembros que siempre se han destacado por su espíritu de servicio a la comunidad, es el caso de Jorge Bustos Moreno, Luis Hernando Sánchez (hoy presidente), Hernando Issa, Nelson Néstor Cuéllar, los hermanos José Joaquín y Augusto Martínez Varela, Hernando Villalobos, la familia Cabrera, Alirtio Cruz Perdomo y otros que se me escapan en este momento.
Pero indudablemente de quien estuve más cerca fue de Ignacio Niño Sierra, especialmente durante estos últimos años que fue miembro vitalicio del Club, cuando se dedicó a crecer espiritualmente al lado de la parroquia Nuestra Señora del Pilar apoyando con su fortaleza hasta el último día la construcción del templo al presbítero Melquisedec Salcedo.
Ignacio Niño dejó huella indeleble como un hombre creyente, indestructible fortaleza y el desinteresado servicio a los más necesitados.
El Club de Leones, ciertamente, es una de las grandes instituciones insignes de nuestra tierra.



