por: El Tabloide · 14 diciembre, 2015
Es el nombre de un famoso poema de Juan Manuel Roca que versa sobre la soledad del amor.
Tal vez de esta manera se puede describir los días que le esperan a Francia, a Europa y posiblemente al mundo entero (con restricciones de movilidad, mayor tramitología para visado, entre otras consecuencias directas de los recientes sucesos ocurridos en Paris), días signados por la soledad que causa la guerra.
Estado Islámico, Isis o Daesh probablemente, la primera batalla se libra desde el lenguaje, dadas las denominaciones anotadas.
Un enemigo abstracto, impersonal que al poseer un móvil religioso tiene también un móvil político, con un origen influenciado por occidente, que peligrosamente gana cada vez más dinero, más espacio, más adeptos, por medio de las redes sociales, que al igual que los medios de comunicación transmiten la ferocidad de sus actos, que al reproducirse sistemática y sintomáticamente, logran el efecto deseado: generar terror en la población.
Precisamente eso fue lo que ocurrió en el pasado reciente en el corazón de la Ciudad Luz, en el corazón de los jóvenes, puesto que fueron atacados por los islámicos.
No se atacaron icónicos museos ni emblemáticos sitios históricos, sino lugares corrientes que frecuenta la juventud parisina en momentos de ocio: restaurantes, bares, en general lugares de concurrencia nocturna, de estudiantes parisinos que en ellos encuentran esperanza y entretenimiento. Llama la atención que se hiciera una declaratoria de guerra.
No la hizo Alemania por su responsabilidad histórica, no la hizo Rusia a pesar de que continuamente muestra los dientes a las demás potencias mundiales, ni la hizo Estados Unidos; la promulgó Francia, centro del Racionalismo, de la Revolución Francesa y de las libertades que ahora se empiezan a restringir en aras de la seguridad de sus nacionales.
Desde luego esto también toca a Europa, que logró cierta estabilidad después de sumar en su historia casi trescientos años de guerras religiosas.

