La propiedad está ubicada en el barrio El Diamante, en El Poblado, Medellín, y ocupa un terreno de 1.854 metros cuadrados. Según las denuncias conocidas, el lugar también habría sido utilizado para el consumo de drogas y licor, mientras su estado de abandono contribuía a los problemas de seguridad y convivencia.
El inmueble llevaba más de siete años desocupado y quedó bajo control del Fondo para la Rehabilitación, Inversión Social y Lucha contra el Crimen Organizado (Frisco), administrado por la Sociedad de Activos Especiales (SAE), tras un proceso de extinción de dominio.
Ante esta situación, la Alcaldía de Medellín inició la demolición de la estructura, con el propósito de recuperar el espacio y evitar que continuara asociado a actividades que afectan al sector. La intervención se realizó después de obtener los conceptos técnicos y las autorizaciones correspondientes.
Por ahora, el predio permanece bajo control de la SAE y no se descarta que pase a manos del Distrito para desarrollar un proyecto de infraestructura.



