La decisión se tomó como medida preventiva tras los graves daños ocasionados por el terremoto del pasado 10 de agosto. Aunque el templo tenía un importante valor histórico y religioso para los habitantes del sector, las autoridades priorizaron la seguridad de las familias.
La demolición representa una pérdida para una comunidad que durante años tuvo este lugar como uno de sus principales espacios de encuentro y fe.
“La capilla cayó, pero la fe permanece”, es el mensaje con el que habitantes y autoridades esperan afrontar este momento y mantener vivo el legado construido por generaciones.
Fotografías tomadas de: Parroquia Inmaculado Corazón de María – Tuluá.






