El pasado 15 de febrero, todos los medios de comunicación del país recordaron la vida y lucha del sacerdote guerrillero Camilo Torres Restrepo, al rendirle homenaje rememorando los cincuenta años de su sacrifico en combate, como integrante del Eln.
Los jóvenes de ese entonces, quienes estábamos influidos por el triunfo de la Revolución Cubana sobre la dictadura del general Fulgencio Batista, vimos con buenos ojos el trasegar revolucionario del sacerdote compañero Camilo Torres Restrepo. Y nos dimos a la tarea de seguir sus pasos de avanzada y a estar de acuerdo con sus tesis políticas-sociales.
Yo era en esta ciudad, a la sazón, el Presidente de las Juventudes del Movimiento Revolucionario Liberal y miembro del Comando Departamental de Juventudes de ese organismo, que acaudillaba el expresidente de la República, doctor Alfonso López Michelsen. Ahí conocí a varios compañeros que recorrían el país con el cura renovador.
Pero miremos a Camilo. Después de ordenado sacerdote, viaja a Lovaina, Bélgica, para estudiar Sociología y se gradúa en 1958 con la tesis titulada “Una aproximación estadística a la realidad socioeconómica de Bogotá”, primera obra en América Latina sobre sociología urbana y publicada en 1987 con el título de La proletarización de Bogotá. En esta ciudad capital supe, cuando visité el barrio de invasión Policarpa Salavarrieta, en la vecindad del Hospital La Hortúa, que Camilo vivió en ese sitio cuando preparaba su tesis de grado, dormía y comía, compartiendo la precariedad con los habitantes de ese sector.
De regreso, se vinculó a la Universidad Nacional de Colombia como docente y además lo designan capellán de la capilla Cristo Maestro de la Unal. Con Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna, Carlos Escalante, María Cristina Salazar, Darío Botero Uribe, Virginia Gómez de Pineda y Tomás Ducay, fundan la Facultad de Sociología en la U. Nacional, la primera en América Latina. Como sacerdote también fue pionero de la Teología de la Liberación. Se dedicó a fustigar a los explotadores, a la oligarquía y al llamado imperialismo yanqui. Fue consecuente con el ideal que se formó como sociólogo. Alguna vez nos decía el doctor Eduardo Umaña Luna, en la cátedra de Sociología Jurídica, en la Facultad de Derecho de la Unal, sobre la convicción de Camilo por sus ideales, nos afirmaba “Camilo, buen mozo, de ojos azules, de familia ilustre, con cinco idiomas, que iba para Cardenal que se las pelaba, dejó lo que tenía en la mano para luchar por lo que él creyó justo.”
Camilo murió como un hombre revolucionario, murió como verdadero sacerdote, convencido de que “el pan nuestro de cada día” no solamente hay que implorarlo, sino que como un derecho vital hace falta pelearlo cuando hay explotadores que lo niegan. Las palabras y acciones de Camilo no son en tiempo pasado sino un llamado para la acción presente.













