A las 7:59 de la mañana del 11 de septiembre de 2001, el vuelo 11 de American Airlines despegó de Boston con destino a Los Ángeles. A bordo viajaban 92 personas, entre ellas cinco integrantes de Al Qaeda.
Quince minutos después, otro avión, el vuelo 175 de United Airlines, partió del mismo aeropuerto con el mismo destino. Mientras ambos se encontraban en el aire, los atacantes comenzaron a tomar el control de las aeronaves.
A las 8:20 a. m., el vuelo 77 de American Airlines despegó desde Washington D. C. rumbo a Los Ángeles. Veintidós minutos después, el último avión involucrado en los atentados, el vuelo 93 de United Airlines, salió de Nueva Jersey hacia San Francisco, aunque con retraso.
Lo que inicialmente parecía una serie de secuestros aislados pronto revelaría una operación coordinada.
El primer impacto

A las 8:46 de la mañana, el vuelo 11 se estrelló contra la Torre Norte del World Trade Center, en Nueva York.
El impacto provocó una enorme explosión y dejó atrapadas a cientos de personas en los pisos superiores del edificio. Las imágenes comenzaron a transmitirse en directo y millones de personas observaron, sin comprender todavía la magnitud de lo que estaba ocurriendo.
Diecisiete minutos después, a las 9:03, el vuelo 175 impactó contra la Torre Sur.
Fue entonces cuando quedó claro que no se trataba de un accidente.
Mientras Nueva York enfrentaba el caos, otro de los aviones secuestrados se dirigía hacia Washington.
El Pentágono también es atacado

A las 9:37 de la mañana, el vuelo 77 se estrelló contra el Pentágono, sede del Departamento de Defensa de Estados Unidos.
Murieron las 64 personas que viajaban en el avión y otras 125 que se encontraban en el edificio.
Para ese momento, el Gobierno estadounidense ya había comenzado a comprender que el país estaba siendo atacado de manera coordinada.
El presidente George W. Bush, quien se encontraba en una escuela primaria de Florida, recibió la noticia mientras permanecía sentado frente a un grupo de niños.
La normalidad de aquella mañana había desaparecido.
El cuarto avión

Mientras Nueva York y Washington estaban bajo ataque, el vuelo 93 de United Airlines se convirtió en el último avión secuestrado.
Los pasajeros comenzaron a recibir información sobre los atentados a través de llamadas telefónicas con familiares y personas en tierra. Entendieron entonces que los secuestradores probablemente pretendían utilizar también ese avión como arma.
A las 9:57, varios pasajeros decidieron enfrentarse a los atacantes.
Minutos después, el avión cayó en un campo cerca de Shanksville, Pensilvania.
Ninguna de las personas a bordo sobrevivió, pero la rebelión de los pasajeros evitó que la aeronave alcanzara su objetivo.
Un ataque que cambió la historia

Los atentados dejaron 2.977 víctimas mortales, sin contar a quienes fallecieron posteriormente por enfermedades relacionadas con la exposición a las condiciones generadas por los ataques.
Las Torres Gemelas desaparecieron y el paisaje de Nueva York cambió para siempre. Pero la transformación no se limitó a la ciudad.
El 11-S modificó las políticas de seguridad, los controles aeroportuarios, la inteligencia y la política exterior de Estados Unidos. Semanas después comenzó la intervención militar en Afganistán y, dos años más tarde, Estados Unidos invadió Irak.
La llamada “guerra contra el terrorismo” marcaría buena parte de la política internacional durante las siguientes décadas.
También dejó profundas discusiones sobre derechos humanos, tortura, vigilancia, discriminación y los límites de la respuesta de los Estados frente al terrorismo.
El impacto también llegó a Colombia

Para Colombia, el 11-S significó un cambio importante en la manera en que Estados Unidos abordaba el conflicto armado.
La nueva política exterior estadounidense llevó a reforzar la lucha contra grupos armados ilegales y a vincular cada vez más el narcotráfico con el terrorismo bajo el concepto de “narcoterrorismo”.
El apoyo militar y económico de Estados Unidos se fortaleció y el enfoque de seguridad adquirió un nuevo peso dentro de la estrategia nacional colombiana.
Las consecuencias se sintieron durante años en las operaciones militares, la lucha contra las estructuras armadas y las políticas de seguridad del país.
25 años después

Un cuarto de siglo después, el 11 de septiembre continúa siendo una fecha que divide la historia contemporánea en un antes y un después.
Para quienes lo vivieron, permanecen las imágenes de los aviones, el humo, las torres cayendo y las calles de Nueva York cubiertas de polvo.
Para las generaciones que nacieron después, sus consecuencias forman parte de un mundo marcado por controles de seguridad más estrictos, nuevas guerras y una lucha global contra el terrorismo que todavía tiene efectos políticos y sociales.
Las dos enormes piscinas que hoy ocupan el lugar donde estuvieron las Torres Gemelas recuerdan a las víctimas de aquel día.
Pero la memoria del 11-S también permanece lejos de Nueva York.
Porque aquel 11 de septiembre no solo cambió a Estados Unidos.
Cambió la manera en que el mundo entendía la seguridad, la guerra y las relaciones internacionales. Y sus efectos también llegaron a Colombia.



