Según ese decreto, que reglamenta la ley que prohibirá por completo las corridas de toros en Colombia a partir de julio del 2027,se adelanta el desmonte del espectáculo desde el día que el presidente Petro lo firmó la semana pasada. Es decir que a partir de ahora las corridas de toros que se realicen en cualquier parte del país no podrán ni matar al toro en la arena ni enterrarle banderillas ni rejones. Tampoco podrán asistir a esos eventos taurinos los menores de 18 años y ninguna entidad gubernamental podrá aportar peso alguno a su financiación.
Es decir que en el caso de Manizales la Licorera de Caldas no podrá patrocinar la Feria si hay corridas de toros con su tradicional Ron Viejo y su arrasador Aguardiente Amarillo, como ha sido habitual. El golpe es duro para una ciudad que hizo alrededor de las corridas de toros el de su divertida y famosa Feria Anual. Pero, sobre todo, es un puntillazo en el corazón de una tradición que solo Manizales ha cultivado y enaltecido como razón de ser.
Hacer un simulacro de corridas sin banderilleros, sin rejoneo y sin estoque de muerte no se lo resistirían los tradicionalistas asistentes a la Plaza. Tendrán entonces que hacer una Feria sin corridas y tal vez usando el coso taurino para agrupar los 14 mil espectadores a aplaudir al cantante de moda o a la orquesta del más allá.
Entiendo que los tiempos cambian y las costumbres se civilizan, pero también comprendo el duro puntillazo que le pegan a una ciudad tan tradicionalista que hasta se da el lujo de tener oligarcas pobres.




