¿Por qué no pensar que el elemento común que sostiene tanto la coca como el oro no es la ideología sino los dólares que se pagan por ellos y que si los controlamos podríamos encontrar opciones hacia el futuro?
Dejemos a un lado el moralismo y averigüemos cómo funcionan los Bonos de Indonesia, llamados Danantara para que haciendo a un lado costumbres hipócritas cojamos el rábano por las hojas. Esos bonos del Tesoro Soberano de Indonesia se venden hoy en el mercado a una muy aceptable rentabilidad y con una condición fundamental, gozan de inmunidad jurídica.
Bajo una ley aprobada por el parlamento de ese país los compradores de bonos no tienen que declarar su origen y contra sus dueños y sus bonos no habrá procesos penales, fiscales o civiles.
Aplicar eso en Colombia ya lo hicimos parcialmente cuando López Michelsen abrió la ventanilla siniestra del Banco de la República y se recibían los dólares que provenían entonces del negocio de la marihuana y del oro y se cambiaban por pesos y un porcentaje en bonos a 10 años.
Si ahora hacemos lo mismo y el capital de los ejércitos de los traquetos y el de los mineros ilegales lo vuelve a recibir el Banco de la República, y eso implica la inscripción del predio, de la mina o del comercializador al sistema DIAN, le abriríamos el camino al ingreso al tesoro colombiano de esos dólares sueltos y nos permitiría censar todas las tierras para volverlas sujetos de financiación para otros cultivos y, a todas las minas ilegales a tributar poniéndoles un plazo para adecuarse a normas ecológicas y procedimientos no dañinos .
Valdría la pena pensarlo, tal vez allí esté el futuro y controlar sea mejor que perseguir.




