A Iván Cepeda en segunda vuelta le toca remontar una diferencia que no alcanza ni los tres puntos porcentuales (2,82%) frente a su rival de extrema derecha, mientras en Perú en su primera vuelta presidencial la diferencia entre la candidata reaccionaria y el progresista fue de casi 6 puntos (5,89%).
Y como se sabe, faltando solo el dos por ciento del escrutinio de la segunda vuelta de allá, hay un empate técnico donde Roberto Sánchez ha logrado igualar desde el campo popular esa diferencia, que era el doble a la nuestra.
Y sin Estado, pero también contra la injerencia imperial yanqui que está tratando de voltear el resultado con los votos del exterior a favor de su ungida Keiko Fujimori, la misma hija del dictador Alberto Fujimori.
El programa del fascismo puede ser derrotado por el de la vida que es el de Cepeda, no solo como puede pasar en la hermana república, sino porque acá tenemos casi la misma película de hace 4 años en primera vuelta: una derecha y su vulgar extrema con 50%, frente a un 40% de la izquierda.
Seducir con la apuesta de la democracia es mucho más difícil que hacerlo con la del odio que llama a “destripar” a sus adversarios que es la mitad del país, y vende nuestra soberanía a los gringos, aupada por toda la clientela politiquera tradicional que le están trabajando así cínicamente lo nieguen creyendo que la gente es tonta (partido liberal, conservador, la U, cambio radical, y por supuesto el irredento Centro Democrático)
Eso sí, la amenaza es hoy mayor que la vez pasada con el impresentable Rodolfo Hernández, no con el fantasma de Venezuela que nunca fue, sino con el de la triste Argentina condimentado con el sionismo y la violación masiva de derechos humanos que agencia mundialmente Trump.
Perú le habla al movimiento social colombiano, pero quizás más a ese centro político que no se decide por la vida.




