por: El Tabloide · 11 enero, 2016
De las muchas instituciones que heredamos de los españoles (tan dados a la burocracia) no quedó en nuestra genética social la figura del cronista oficial, encargado de reseñar todos los asuntos de interés general que en el pueblo ocurrían, lo más parecido es el notario, pero este solo se limita a dar testimonio público, nada más, no narra, no escribe, en fin, el asunto es que por la indefinición del Consejo Nacional Electoral para determinar quién es nuestro alcalde y nuestros concejales, la picaresca bugueña está gozando de lo lindo y un cronista sería el indicado -claro, cualquiera lo puede hacer para dejar testimonio oficial de este y otros acontecimientos.
Ahora mismo algunos concejales del periodo anterior, reelectos o no, decidieron por sí y ante sí, desempolvar una norma de 1913 y tomar posesión de un cargo de elección popular que aún no les pertenece, con ese mismo criterio los diputados de la Asamblea Departamental y el mismísimo alcalde Suárez podrían hacer lo mismo, se les olvidó a estos concejales que la Constitución que nos rige es la de 1991 y no la de 1886, perseveran estos honorables concejales en la “ignorancia supina” como los calificó la Procuraduría General de la Nación, actúan con igual criterio de cuando pusieron en duda la propiedad del Cementerio Católico, no hay derecho.
Es cierto que esta situación atípica genera cierta inquietud en algunos sectores de la comunidad, pero no es el fin del mundo, se trata solo de algunos días y recuerdo que en la administración de Genner Zuluaga se presentó un paro de funcionarios de la alcaldía que duró algunas semanas y no pasó nada, la ciudad continuó su vida normal, como si no se necesitaran los despachos públicos, haciendo reflexionar sobre la utilidad o no de algunas instituciones.
Hay que tener tranquilidad y mesura, dejar al señor alcalde encargado que cumpla bien sus funciones, recordando siempre que él y los funcionarios que nombre son solo pasajeros, que no se crean el cuento de pensar que estarán allí cuatro años, no señor, serán solo días, muy pocos, además.
Y como de una bigardía se trata, pues nada mejor que resucitar las Cédulas Reales y se acuda a elegir dos alcaldes, de primer y segundo voto, como lo dice Ramiro Martínez Gutiérrez en su libro Historia de Guadalajara de Buga, sería una solución salomónica.
Por demás, que bien harían en leer todos aquellos aspirantes a funcionarios públicos el libro de Martínez, porque para ser alcalde se requería: Personas idóneas y hábiles; que supieran leer y escribir; que fueran vecinos de la ciudad.
Hombres de honra, agregaría este escribidor.
delgadorivera@hotmail.com


